Formación del Agujero Blanco

 

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Josep Burcet © 2002
 
 
El Agujero Blanco es
un nuevo estadio de la evolución
de la Vida en la Tierra,
que acontece tan pronto como
la densidad de la comunicación
rebasa un cierto umbral
 
Su formación representa
la transformación más importante
de todas cuantas ha sufrido la Vida
desde su aparición en el planeta
No representa
el final de la Vida,
pero si el final
de las maneras de vivir
que hemos conocido
hasta ahora. 
...
Pasajes extraidos de
"El Agujero Blanco"
...

AUMENTO DE LA 
DENSIDAD DE COMUNICACIÓN 
REGISTRADA EN LA TIERRA

La impresión es que hay realmente mucha comunicación danzando frenéticamente sobre la Tierra. La verdad es que la densidad de la información que se intercambia es extremadamente alta en este planeta. Hay tanta comunicación fluyendo por aquí, y se está haciendo tan densa que podría representarse como una especie de «agujero negro» de índole inmaterial. Podemos llamarlo «agujero blanco», porque tiene visos de ser la antítesis de un agujero negro.

Frente a este panorama, da la impresión de que lo que está ocurriendo en la Tierra no un es fenómeno común. Por lo que conocemos del cosmos,  sabemos que el florecimiento de la Vida no es algo que se dé ni con frecuencia ni con facilidad. Necesita de un caldo de cultivo peculiar. No es habitual que en los cuerpos celestes se produzca un proceso de acumulación de comunicación como aquel que se está produciendo aquí.

Sin entrar en especulaciones sobre la posibilidad de que haya en marcha procesos semejantes en otros lugares del universo, el caso es que algo muy especial podría estar fraguándose aquí, en este rincón de la Vía Láctea.

La naturaleza de la 
realidad inmaterial

Otra cuestión que me gustaría destacar es que ese manto de comunicación de altísima densidad que cubre el planeta no es una realidad física. Es cierto que usa soportes físicos pero esa no es su naturaleza. La masa biológica tiene una entidad tangible pero su naturaleza última no consiste en esa masa de tejidos y órganos. 

La comunicación se propaga, las más de la veces, a través de soportes físicos: un neurotransmisor, un nervio, un flujo de fotones, una vibración electromagnética, un cable. Pero eso no es la comunicación. La superficie de un disco duro está magnetizada, pero ese efecto físico no es, en sí mismo, una porción de información, como tampoco lo es la tinta que se esparce sobre un papel, ni los electrones que se estrellan sobre la pantalla de un monitor. La comunicación es un fenómeno que se produce en otro plano distinto de estos efectos físicos. Es de naturaleza no material y pertenece al dominio de la realidad intangible.

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Sociedades de transformación

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A principios del siglo XXI nos encontraríamos en el trance de dejar atrás la fórmula de las sociedades post-industriales y de empezar a construir las sociedades de transformación. Es difícil sospesar cuanto tiempo será necesario para construir ese tipo de sociedades y cual será su duración. Las fechas que avanzo en el gráfico anterior, son meras conjeturas para ubicar provisionalmente en el tiempo el desgranamiento de formas sociales, tal como lo percibo ahora.

Características de las Sociedades de transformación

Las consideraciones realizadas sobre los rasgos más específicos de la condición humana constituyen un pequeño inventario de características de la auto-organización, cuando alcanza una fase relativamente avanzada. Todas esas características se han ido acentuando a lo largo de la historia de la biosfera, de tal manera que son tendencias que arrancan desde hace centenares de millones de años. Durante todo ese tiempo no han perdido su resolución, ni se han torcido, sino que se han reafirmado, acentuado y acelerado. Este hecho es el que me induce a considerar que van a continuar avanzando en la misma dirección, de la misma manera y con un empuje redoblado.

De esta forma y sobre esta suposición, las sociedades posteriores a la transformación tendrán todas estas características, y las tendrán en grado superlativo.

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Sociedades posteriores

El florecimiento de la sociedad simbiótica

Rendimiento de los 
distintos tipos de interacción

La construcción de la auto-organización no puede llevarse a cabo sin disponer de una cierta fuerza. Contra más avanzada es una forma de auto-organización, más fuerza se necesita para desencadenar su estadio ulterior.

Para precisar la noción de fuerza a la que me refiero, deberemos volver a la cuestión del rendimiento  de las distintas formas de interacción.

Como ya expliqué en otro lugar, hay cuatro formas básicas de interacción:

el parasitismo, en el que una parte arrebata algo a la otra, sin devolverle nada a cambio
la depredación, en la que una parte destruye o desorganiza a la otra, en provecho propio,  
la necrosis  en la que todas las partes involucradas se minan recíprocamente y salen de la interacción con un nivel de organización menor y finalmente,
la simbiosis en la que todas las partes involucradas salen mejoradas de la interacción,

La explosión simbiótica

No va a haber acceso a las sociedades posteriores a la transformación sin la erradicación previa del parasitismo, la depredación y la necrosis. Así como los primeros organismos unicelulares con núcleo no hubieran sido posibles hace 1.800 millones de años sin un enriquecimiento previo de la atmósfera con oxígeno, tampoco podrán emerger las formas de auto-organización avanzadas en un ambiente simbiótico pobre. Un nivel mínimo de simbiosis es el oxígeno que se necesita para que florezcan las formas de auto-organización que son propias de las sociedades posteriores a la transformación.

El despliegue de la auto-organización, en formas muy avanzadas, requiere mucha energía. Solo un grado suficientemente de simbiosis puede aportar todo el empuje necesario.

Puerta de las sociedades posteriores

Como venía diciendo, la puerta de las sociedades posteriores se abre con un cambio de conciencia. Una de las partes más críticas de ese cambio es el abandono de los modelos de depredación.

De cómo se abandona el 
modelo de depredación

El modelo del depredador nutre a aquel que no se siente un triunfador realizado si todos los días no se desayuna crudos a un par de subordinados y a tres o cuatro clientes "estúpidos", por lo menos. 

Le sirve también a aquel otro cuyo mérito principal consiste en obtener repetidamente ayudas económicas, subvenciones, concesiones ventajosas u otros tratos de favor, sin devolver a cambio otra cosa que su capacidad de consumo, su voracidad y su codicia. 

Sirve finalmente, a un tercero cuya fortuna todos saben que es fruto de la corrupción.

Ahora que estamos dando los primeros pasos hacia las sociedades de transformación, los valores del éxito están todavía ligados a los comportamientos de depredación o parasitismo. Pero esto no quiere decir que no se registren igualmente ciertos cambios y que los valores de la depredación, aún con ser  predominantes, no hayan iniciado ya un cierto retroceso.

Pero esos pasos son aún débiles y titubeantes. Las defensas actuales frente a los valores de la depredación consisten mayormente en la persecución de las personas que jurídicamente son perseguibles. Es decir, los casos para los que hay delitos tipificados y para los que se han podido reunir pruebas fehacientes. Todo lo demás, se cuela. Eso es aún demasiado poco para abrir las puertas de las sociedades posteriores.

Además, el problema último no son esas personas, en sí mismas, sino el entramado de valores que hace que esas personas y otras muchas continúen actuando de una manera inconveniente. Porque esas personas, más allá de los despropósitos cometidos, lo único que han hecho ha sido seguir modelos de éxito socialmente aceptados, perseguir objetivos que eran considerados como admirables y valiosos por parte de muchos.

El acceso a las sociedades de transformación, por lo que hace a la erradicación de la depredación y el parasitismo, no ha de depender exclusivamente  de las leyes y del funcionamiento de la justicia. Requiere de una transformación interior que debe realizarse en lo pliegues más íntimos de la conciencia de cada cual. Esta necesidad se acentúa todavía mucho más en las inmediaciones de las puertas de acceso a las sociedades posteriores.

Las personas deben abstenerse de esos juegos, no porque puedan ser perseguidas. O peor, porque no están en posición de perpetrarlos. Lo que debe detenerlas es la convicción íntima de que las relaciones simbióticas, a la larga,  son más beneficiosas para ellas mismas.

Lo que quiero subrayar es que no hay acceso a las sociedades posteriores sin un cambio substancial de los valores. Pero para aproximarnos a la cuestión fundamental del cambio de valores del éxito, primero es necesario recordar para qué sirven los valores y por qué la gente los adopta. 

Precisiones básicas 
sobre los valores

En las sociedades más tradicionales, los valores se adoptan por impregnación durante la infancia y más tarde, a lo largo de la vida. La gente asume lo que les transmite la tradición. Y se supone que los valores del pasado constituyen la parte más noble del legado que se recibe de los mayores.

En las sociedades más abiertas hay todavía mucha impregnación, a través de la familia, la escuela y las instituciones sociales. Pero empieza a haber también una cierta autonomía individual respecto de los valores legados. Para ciertas personas, los valores asumidos son el resultado de una elección personal. Ahora bien, ¿cómo ocurre exactamente?

Los valores que uno elige y adopta se asumen para lograr un beneficio emocional. Sirven para sentir que uno es decente, para obtener buena conciencia, para justificar lo que uno hace, para atenuar los sentimientos de culpa, para aumentar el respeto que cada uno siente hacia si mismo y para promover la admiración, el respeto y la estima que se recibe de los otros. 

Pero además de confort emocional, los valores también pueden adoptarse por otras consideraciones de tipo más práctico. Por ejemplo, uno puede abandonar ciertos valores si no contribuyen a realizar lo que uno se propone. Entonces puede adoptar otros que se lo faciliten.

Los modelos de la depredación, la necrosis y el parasitismo se pueden abandonar si uno lograr creer que las relaciones simbióticas pueden proporcionar un mayor confort emocional y, al mismo tiempo, procurar ventajas prácticas concretas. 

Sin embargo, es un proceso arduo que requiere un cambio de mentalidad, el abandono de hábitos que se activan automáticamente y la incorporación y asimilación de nuevos automatismos.

 
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Pasajes extraidos de
"El Agujero Blanco"
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