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El
hecho es que ahora mismo se están creando las
condiciones para que se produzca una gran
renovación de paradigmas. Está creciendo a
gran velocidad el número de personas que se
dedican a la reflexión, a la investigación y
al diseño. Además estas personas disponen de
una enorme potencia de cálculo entre sus
manos, con ordenadores personales cuyas
prestaciones se doblan a un ritmo endiablado.
La densidad de la interacción entre todas
esas personas también está aumentando
vertiginosamente debido a las posibilidades
crecientes que ofrece Internet
Por
consiguiente y en conjunto debemos esperar
pues mucho movimiento en la sociedad, en la
cultura en la economía y en el conocimiento.
El momento actual recuerda las características
de los puntos de bifurcación que se observan
en las estructuras disipativas. Como ya he
puesto de relieve más arriba, un punto de
bifurcación marca un momento de desorganización
que puede bien a) deteriorar el estado de
organización precedente o bien b) producir un
estado más avanzado de organización.
No
es este el lugar para discutir hasta qué
punto las sociedades humanas, en su ejercicio
de acoger y disipar novedad, actúan como una
gran estructura disipativa. En cualquier caso,
lo que sí se observa son muchas analogías.
Son justamente esas analogías las que me
llevan a considerar que la crisis que está
tomando cuerpo actualmente, a pesar de su
potencial de destrucción, puede contener
igualmente las semillas de unas estructuras más
avanzadas y versátiles. Por lo tanto, deberíamos
aprestarnos a facilitar la emergencia de un
estado de organización nuevo, de orden
superior.
A
me he referido muchas veces a ese punto de
bifurcación en otros escritos, cuando el
propuesto el concepto de salto de escala en
la comunicación. Con una dinámica no
lineal, al alcanzar una cierta masa crítica
de comunicación, se accede a un estadio
substancialmente distinto del actual, lo cual
encaja coherentemente con las tendencias de la
evolución de la vida que hemos observado
hasta este momento.
La
naciente sociedad de la comunicación, que se
sustancia entre 2000 y 2020, vendría a ser
una sociedad de transición y el preludio de
un gran punto de bifurcación, que podría
acontecer en algún momento después del 2020.
Principales
líneas políticas
para encauzar la transición
hacia la
sociedad de la comunicación
Para
una sociedad como la nuestra, se puede decir
que hay dos tipus básicos de tránsito: la
transición de baja intensidad y la transición
de alta intensidad.
En
la transición de baja intensidad, la
población se convierte progresivamente un
usuaria de los servicios ofrecidos por las
comunicaciones avanzadas (Internet, Internet
II) de manera que al cabo de 5 años una
proporción relativamente alta de ciudadanos
hace uso de los servicios más comunes que se
ofrecen en las redes.
La
población que sale de una transición de baja
intensidad es fundamentalmente una población
de consumidores de productos de comunicación
de alto consumo ( por ejemplo, correo electrónico,
TV a la carta, ofertas de ocio de distinto
tipo, servicios informativos, etc.)
La
transición de alta intensidad, por su
parte, se caracteriza por:
- Un
aumento rápido de la masa de usuarios. Se
llega a una masa crítica más deprisa. La
formación de valor añadido que se
desprende de alcanzar un volumen
importante de usuarios se consigue más
pronto
- Una
proporción relativamente alta de usuarios
son usuarios avanzados que, además de
actuar como consumidores de calidad,
pueden actuar también como productores.
Este grupo actúa, además como un vector
de tracción del proceso de desarrollo de
las nuevas comunicaciones.
- En
la transición de alta intensidad se
produce también una transformación rápida
de los marcos institucionales, que se
hacen más dúctiles y, sobre todo más
capaces de atraer novedad.
Por
consiguiente, la transición de alta
intensidad no es únicamente el resultado de
una mejora sustancial del nivel de competencia
de la población en el uso de las nuevas
comunicaciones y la nueva economía, sino que
implica además el rejuvenecimiento de los
marcos institucionales.
Se
puede afirmar que el efecto más importante de
una transición de alta intensidad consiste en
una transformación cultural e institucional,
que se logra bien y deprisa. En una transición
más lenta y menos vigorosa, la transformación
de la economía, de la administración pública,
de la sanidad, de la escuela y de la
universidad también se producen, pero ocurren
más despacio, de manera que los progresos en
la productividad
en la eficacia son más lentos, llegan
más tarde y peor.
El
nivel de libertades efectivas de la población
se desarrolla también más lentamente debido
a que la multiplicación de opciones que se
ofrecen a la ciudadanía no progresa muy
deprisa. Como ya he señalado repetidamente,
un entorno institucional decrépito es un
medio hostil a la dilatación de la libertad
individual.
Todas
esas demoras que acabo de enumerar están
ocasionadas por unas instituciones que tienden
a repeler la novedad y atraer la confirmación.
Por lo tanto, en última instancia, el
verdadero truco para lograr una transición de
alta intensidad está fundamentalmente en la
modernización institucional. De ahí la
importancia que le concedo al desarrollo de
Ingeniería Institucional como instrumento
clave para el diseño del futuro inmediato.
No
quisiera dar por concluidos esos rápidos
comentarios sobre la transición de alta
intensidad sin hacer una referencia a uno de
sus aspectos más importantes: el beneficio
principal de este tipo de transición se
relaciona con las opciones que existirán a
partir de 2010.
Entre
2010 y 2020, las sociedades que hayan logrado
realizar con éxito una transición rápida,
podrán aprovechar intensamente las
oportunidades que existirán en aquel momento.
Para aprovechar plenamente todo el potencial
de esta segunda década, se deberá tener una
población con una alta capacidad para disipar
grandes cantidades de novedad y esa población
necesita, además, actuar en el seno de marcos
institucionales rejuvenecidos que en lugar de
frenar a la gente, actúen como una catapulta.
Nadie
podrá improvisar un entorno institucional de
esas características porque, para erigirlo,
es imprescindible realizar un proceso de
maduración colectiva muy complejo y
laborioso. Ninguna sociedad podrá
“comprarse” eso, por mucho dinero que
tenga. Únicamente aquellos que hayan llevado
a cabo una transición de alta intensidad
entre 2000 y 2010 podrán aprovechar
plenamente todo el potencial de la segunda
década.
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