Josep Burcet Llampayas

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Política cultural para el siglo XXI
(consideraciones previas)

El diseño del futuro inmediato
Fundamentos teóricos y propuestas prácticas

VIII

Consideraciones previas a
la formulación de la p
olítica cultural 
para el siglo XXI

Hasta este momento, la política cultural se ha entendido como una política de gestión de las manifestaciones artísticas: teatro, museos, industria audio-visual etc. Con el añadido de la política lingüística, particularmente activa en algunas sociedades, todo aquello que se ha entendido como el objeto de la política cultural durante el siglo XX, será muy distinto en el siglo XXI.

La política cultural articulada alrededor de la admisión y la disipación de novedad, debe empezar a construirse a partir de ahora y no es previsible que alcance toda su proyección hasta la segunda década, entre 2010 y 2020 y más tarde.

Pero la hora de empezar a allanar el camino, y hacer los primeros movimientos en esa dirección ya ha llegado: es ahora mismo.

A la larga, la política cultural articulada sobre la gestión de la admisión y disipación de novedad se hará de una forma cada vez más distribuida y acabará siendo uno de los objetos principales de la democracia participativa. Ahora lo que se debe hacer es crea condiciones para abrir camino en esa dirección. La estructura de la administración pública y del poder político han de cambiar mucho para que sea posible avanzar en esta dirección. En este esfuerzo colectivo, la mediación burocrática y tecnócrata debe ir menguando a medida que la población vaya asumiendo cuotas de responsabilidad colectiva y competencia ciudadana.

El diseño del futuro debe entenderse, por tanto y fundamentalmente, como un ejercicio para crear la condiciones que permitan a la población calibrar con precisión la introducción de novedad en el sistema social.

La asimilación de novedad 
en función de 
la edad de la gente y 
el estado de la cultura 

Según lo que observamos todos los días, los niños y los jóvenes son quienes tienen más capacidad para aprender, o lo que es lo mismo, los que parecen más aptos para afrontar y asimilar la novedad. Por el contrario, las personas mayores parece que son las que están más retraídas frente a la novedad.

Es como si, a medida que las personas van envejeciendo, se refugiaran cada vez más en la confirmación. Se diría que, a medida que las fuerzas disminuyen, la disposición para afrontar la novedad disminuye igualmente.

A bote pronto, esas observaciones sugieren que existe una relación entre el vigor de la juventud y la capacidad para afrontar la novedad. Asumir esta conclusión nos llevaría a considerar que las sociedades más jóvenes (una gran proporción de gente joven en su pirámide de población) son las que deberían ser más aptas para afrontar la novedad. Otra manera de decirlo sería afirmar que las sociedades más envejecidas deberían ser las menos capaces para afrontar la novedad.

Pero el caso es que esas deducciones no encajan con la realidad. Antes de entrar de lleno en la discusión sobre lo que ocurre con las poblaciones jóvenes y las poblaciones envejecidas, será necesario revisar que es lo que pasa exactamente con cada uno de los distintos grupos de edad.

Grupos de edad y 
proceso de la novedad

Sobre los niños y los jóvenes, lo primero que se debe decir es que, aún siendo capaces de recibir grandes cantidades de novedad, su capacidad para procesar inputs paradójicos es muy limitada. Frente a cualquier estímulo con componentes antagónicos, se polarizan en uno u otro extremo. Como se sabe, los más jóvenes experimentan la realidad en términos de “blanco o negro”, de “buenos o malos”, de “fobia o filia”, de “aceptación o rechazo”. Esta característica es lo que explica que los jóvenes suelen tener reacciones más radicales. Eso les impide disfrutar de apreciaciones más maduras, complejas y precisas de la realidad.

La predisposición hacia las reacciones radicalizadas de los jóvenes suele ser también una característica de las culturas más jóvenes. Las personas que viven en el seno de esas culturas incluso si son adultas o de edad avanzada, pueden tener también reacciones polarizadas y reduccionistas. No es raro, por consiguiente,que en esas culturas los fenómenos como el fundamentalismo, la demonización, el fanatismo o el maniqueísmo afloren con facilidad entre amplias capas de la población.

Los adultos han perdido una parte del empuje de la juventud. Pero su capacidad de aprendizaje es muy variable. Depende de su entrenamiento en procesar novedad. Depende de si se han anquilosado o se han continuado formando, depende de sus hábitos y estilos de vida, de la riqueza o dureza de su entorno económico y social.

Un adulto de 45 años que ha hecho trabajo manual desde la adolescencia, que ha vivido siempre en condiciones de penuria económica, sin tener buenas perspectivas profesionales ni experiencias en formación tiene, una capacidad limitada para hacer frente a la novedad. En cambio, otra persona de 45 años con estudios superiores que ha mantenido siempre un ritmo muy vivo de aprendizaje, autodidacta insaciable e impenitente, que dedica mucho tiempo a su formación, que disfruta de una posición económica desahogada, que viaja continuamente y que tiene varios proyectos profesionales excitantes entre manos que sabe promover con éxito, es una persona capaz de afrontar más cantidad de novedad.

Entre adultos, la capacidad para generar y asimilar novedad es muy variable y depende poco de la edad.

Respecto a la capacidad para afrontar novedad de las personas mayores el panorama es también variable. El repliegue frente a la novedad varia mucho según sea la biografía de cada cual. Sin embargo, desde un punto de vista meramente estadístico, lo que predomina es un retroceso.

De todas formas, en las sociedades más maduras, el estadio de la vida adulta dura más tiempo y el deterioro biológico ocasionado por el envejecimiento tiende a empezar más tarde y ser más lento. Todo ello debe conducir a revisar el concepto de envejecimiento y todas las instituciones sociales que están relacionadas con él.

Sociedades jóvenes y 
sociedades “envejecidas"

Todas esas consideraciones son las que me inducen a considerar que la capacidad de asimilación de la novedad, aún estando mediatizada por el vigor físico y mental, también está muy condicionada culturalmente. Por lo tanto no es incongruente que haya sociedades con pocos jóvenes y muchas personas mayores que exhiben una alta capacidad para producir y asimilar novedad, en los compuestos más potentes.

Hay sociedades “envejecidas”, que en realidad son la que crean, acogen y procesan más cantidad de novedad. En esas sociedades, la formación de los jóvenes dura más tiempo. Es donde el ingreso al estadio adulto tarda más en producirse. Es en donde el período de vida adulta de dilata por más tiempo.

Ahora, encima, es justo en esas sociedades donde se insinúa que la formación y el aprendizaje dejan de ser una actividad propia de los jóvenes para convertirse en una actividad permanente de toda la población que va a durar toda la vida.

Con ocasión de la explosión de las nuevas comunicaciones, se plantea la necesidad de organizar una recapacitación permanente de toda la población, con el fin de evitar bolsas de personas excluidas (16) que pudieran quedar privadas de los beneficios de estas transformaciones.

(16) ver El concepte de Centre Públic Internet, Josep Burcet,
http://www.burcet.net/lleixa/centre_internet.htm

La formación permanente no solo 1) deberá dirigirse a toda la población y 2) durar toda la vida, sino que además, 3) cada persona deberá dedicarle cada vez más tiempo. Esto último debe achacarse al hecho de que el cambio tecnológico y también el cambio cultural se están acelerando exponencialmente.

El malentendido de la 
simplificación del uso 
de la tecnología avanzada

Cuando se discute sobre la aceleración de la tecnología a menudo se hacen consideraciones sobre la progresiva simplificación de las formas de uso de manera que a veces se considera que los ordenadores y el Internet del futuro serán cada vez más fáciles y asequibles para todos. Este razonamiento se suele utilizar para demostrar que, dentro de unos años, todo el mundo podrá ser usuario sin apenas esfuerzo.

Efectivamente, los avances serán claros en la simplificación de las formas de uso más superficiales. Pero es igualmente cierto que se producirán avances formidables en el terreno de las formas más avanzadas de uso. Este era hasta ahora un coto reservado a los más dedicados y a los entusiastas, pero deberá ser también colonizado por capas más amplias de población, sobre todo en aquellas sociedades que aspiran a encontrar un lugar entre las más avanzadas.

El uso combinado de ordenadores e Internet plantea la necesidad de conocer “como hacer” tal o cual operación o combinación de operaciones. Eso se resuelve leyendo manuales, consultando a otras personas más experimentadas, haciendo cursillos o jugando al tanteo, acierto o error, durante horas. Los que deseen aprovechar las oportunidades más potentes que ofrezcan las tecnologías de la comunicación dentro de unos años deberán continuar haciendo un tremendo esfuerzo personal, aunque se hayan simplificado las formas más superficiales de uso.

Pero además hay algo que deberán hacer todos, incluidos los usuarios superficiales. Todos deberemos reorganizar constantemente la manera de relacionarnos con la información que necesitamos en cada momento; cómo tenerla localizable, accesible, recuperable; cómo descubrir donde se encuentra aquella que nos interesa de una manera muy especial, como reelaborarla, etc. Y sobre todo, como producirla, plasmarla y presentarla.

Todo eso, por mucho que se simplifiquen las interfases, por mucho que podamos hablar incluso con agentes virtuales inteligentes que nos ayuden, va a requerir mucha dedicación continuamente.

La formación 
durará toda la vida

De otro lado no debemos olvidar tampoco que la novedad que nos acecha no solo se refiere a los ordenadores y a Internet. La parte más importante de esa gran oleada de novedad afectará a todos, aún incluso a los que no quieran, porque no estará referida específicamente a la nueva tecnología sino que llegará e la mano de los cambios económicos, sociales y culturales surgidos de la revolución de la comunicación.

El mero hecho de que la formación deje de ser una actividad de juventud y se convierta en una actividad vitalicia, representa una verdadera voltereta en la historia de la humanidad. Nunca antes, ninguna población había hecho eso. No ha habido jamás, en la historia de la humanidad ni una sola sociedad en la que una proporción alta de la ciudadanía se mantuviera indefinidamente intensivamente en proceso de formación durante toda la vida.

Las poblaciones “envejecidas” 
son poblaciones “jóvenes” 
desde el punto de vista 
del proceso de la novedad

En las sociedades con una alta proporción de adultos y personas mayores, el envejecimiento convive con la aparición de rasgos neoténicos. Estas sociedades son hoy en día la puerta principal de entrada de novedad en el ámbito de la humanidad. Pero ya hemos visto que este vigor especial no se deriva d sus características étnicas o biológicas, sino de sus características culturales y económicas. En esas sociedades la cultura es más dúctil y más inestable y eso es justamente lo que las faculta para ser fuentes de novedad y, a la vez, sus principales consumidoras.

 
... probablemente, la historia más emocionante,  jamás relatada
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Continuación

OBJETIVOS DE LA POLÍTICA DE TRANSICIÓN
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VIGOR E INTRODUCCIÓN DE NOVEDAD
(
VII)

 

 

El paradigma polimétrico  El impacto cultural del pensamiento polimétrico  Medida de la realidad paradójica
(Measuring paradoxical reality)