Josep Burcet Llampayas

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Dimensiones colectivas del proceso de novedad

El diseño del futuro inmediato
Fundamentos teóricos y propuestas prácticas

V


 

DE CÓMO AFRONTAMOS
COLECTIVAMENTE LA NOVEDAD
 

Las ciencias sociales describen cómo determinados hechos, situaciones y marcos institucionales afectan a la vida de las personas. Sabemos que estos elementos dan forma y contenido a la actividad social y moldean la manera de vivir y la forma de actuar de la gente.

Las personas vivimos bajo el influjo de normas y bajo la influencia de valores. Estamos así mismo condicionados por una estructura económica y por la manera en que la población está asentada sobre el territorio.

La vida de las personas está igualmente influida por la atmósfera que proporciona el uso de un determinado idioma, por el ambiente que destila el sistema monetario existente, por la tecnología que se usa, por las infraestructuras que están disponibles, por la actitudes, las afinidades ideológica, las convicciones y las creencias. La vida de cada individuo está afectada por las estructuras cognitivas que utiliza para comprender e interpretar la realidad y más en general por la cultura en la que se halla sumergido y por la subcultura a la que pertenece.

Hay, por tanto, una ingente cantidad de elementos materiales e inmateriales que conforman, cincelan o afectan en alguna medida el comportamiento humano. Esta pléyade de elementos que planean sobre la vida de la gente, tiene la función capital de esculpir el comportamiento, de manera que podríamos llamarlos genéricamente los configuradores de la actividad.

Desde el punto de vista de la mecánica de la novedad, lo primero que debo destacar es que los configuradores de la actividad son objetos sociales, a menudo muy cristalizados que, al menos hasta ahora, han actuado como atractores de confirmación.

Los configuradores de la actividad pueden hallarse amalgamados en conjuntos de elementos estrechamente interrelacionados. Cuando ocurre eso, tenemos que hablar de instituciones sociales.

Las instituciones sociales son ámbitos peculiares. Cuando una persona ingresa en una institución determinada (un marco académico, un trabajo, una familia, un colectivo profesional, una administración pública, un hospital o una institución militar, por ejemplo), lo primero que ocurre es que debe conformar su comportamiento a los requerimientos de la institución. Con frecuencia esos requerimientos han sido avasalladores y frente a ellos la individualidad se ahoga y se ensombrece.

Reacción de las 
instituciones sociales 
frente a la novedad

Cuando analizamos la composición de una institución, vemos inmediatamente que todo su contenido viene a ser como el sedimento de unos hechos y unas situaciones que acontecieron en el pasado.

La normas que encontramos, por ejemplo, son un reflejo de las situaciones y las necesidades que existían en el momento de su institucionalización. Los valores que están vigentes son la expresión de aquello que, en el pasado, se consideraba admirable o valioso. Las formas de pensar, las pautes d actuación, los hábitos y la maneras de sentir que exige la institución son también un sedimento procedente de un momento distante, en el tiempo.

Al revisar el estado de las instituciones sociales actuales, uno se percata enseguida de que son configuradores de la actividad  que, procedentes del pasado, intentan imponerse sobre el presente y pretenden dar forma al futuro. Es por este motivo que las instituciones sociales han actuado a menudo como repelentes de la novedad.

Es importante destacar esta característica, sobre todo en un momento como el actual de intensa aceleración de aparición de novedad. Al reflexionar sobre esta ingente marea de novedad que se acerca, debemos ser conscientes de que las instituciones sociales son a menudo refractarias a la novedad y que ese efecto puede frenar y retrasar nuestra transición hacia la sociedad de la comunicación.

Es sin embargo igualmente indispensable señalar que no todas las instituciones presentan el mismo grado de impermeabilidad frente a la novedad. En realidad, su apertura depende de la ósmosis que mantienen con su realidad circundante. Una institución muy cerrada rechaza más fácilmente la novedad que una institución más abierta y aireada.

Así, una empresa muy expuesta a la competencia en el seno de un mercado libre y abierto será capaz de admitir más novedad que una empresa monopolista, que actúa al abrigo de los rigores de la competición y que goza en exclusiva de un mercado cautivo. Una institución académica clásica será mucho más refractaria a la novedad que una academia que debe luchar cada día para poder sobrevivir. Una administración pública esclerotizada será más impermeable a la novedad que otra administración que intensifica sus relaciones con los ciudadanos y con el mundo circundante.

El grado a abertura de una institución social frente a la novedad depende también, lógicamente, de la antigüedad de sus orígenes. En general, se puede decir que una institución con raíces muy antiguas, experimentará más dificultades para metabolizar la novedad que otra de origen más reciente. Con la edad, las instituciones también tienden a envejecer.

El envejecimiento 
de las instituciones

La mayor parte de las instituciones sociales, en los momentos iniciales de su vida, cuando se está produciendo su proceso de institucionalización, responden a algo y, por tanto, se puede decir que nacen frescas y abiertas. Pero con el paso del tiempo, se esclerotizan y tienden a cerrarse y enranciarse. Sus pautas de acción primigenias tenían un objeto que sabían satisfacer, pero más tarde esas mismas pautas acaban transformándose en rituales.

Con el paso del tiempo, en los rituales el objeto original de la acción pasa a segundo término y aquello que inicialmente era una estrategia efectiva para tratar con la realidad se convierte en una liturgia que acaba justificándose por sí misma.

El repliegue de las instituciones sobre sí mismas, a medida que envejecen, se manifiesta también en que se transforman en entornos sobreprotegidos. Si inicialmente eran plataformas de combate, con la edad se bunkerizan.  Entronces fácilmente se convierten en reductos parasitarios que viven a expensas de su entorno. Esa tendencia a maximalizar su seguridad y minimizar el riesgo es igualmente sintomática del envejecimiento de una institución social.

A medida que se esclerotizan, las instituciones sociales tienden a hacer que las relaciones internas entre sus miembros devengan cada vez más formales. Con frecuencia esto se acompaña con una intensificación de los flujos de comunicación en sentido vertical. De esta manera, la estructura se hace cada vez más jerárquica e impersonal.

Bajo tales condiciones, las relaciones de comunicación entre sus miembros son cada vez menos genuinas y pierden frescor y espontaneidad.

Al hablar del envejecimiento de las instituciones sociales es necesario precisar que una institución formalmente constituida en una fecha reciente, puede sin embargo estar vieja. Si al crear una institución nueva (por ejemplo una universidad, un hospital o una administración pública), se plasma en sus normas escritas las pautas propias de una institución envejecida, a pesar de su juventud cronológica, heredará el mismo grado de envejecimiento que encierra el modelo que la ha inspirado. Este efecto será avasallador cuando las personas que se encuadren en la nueva organización proceden también del ámbito institucional que ha servido de modelo.

Desde el punto de vista normativo y con el tiempo, las instituciones sociales tienden a acumular normas de todo tipo. La producción de reglamentaciones y protocolos se hace incontinente y las instituciones envejecidas se delatan por el mero hecho de ser ambientes de muy alta densidad normativa. A la larga o queda prácticamente nada que no haya sido regulado o prescrito. Las regulaciones llegan a ser tan exhaustivas y agobiantes que, con la norma en la mano, todo el mundo está en falso. A estas alturas, surge la norma de saltarse las normas y empiezan a proliferar las morales dobles.

Como es lógico, se produce un proceso paralelo en el campo de los valores. Se observa una duplicidad de valores entre los valores que se proclaman y los valores que esculpen el comportamiento diario de la gente.

En general, se puede decir que una institución envejecida se convierte en una fortaleza en la que el esfuerzo primordial consiste en lograr la autodefensa y la autojustificación.

Es de esta manera que las instituciones envejecidas llegan a ser atractores de confirmación y repelentes de novedad. Este hecho es muy importante para comprender las distintas velocidades que se observan en el proceso de transición hacia la sociedad de la comunicación 

La diferencia de velocidad entre los Estados Unidos de América y Europa en la carrera hacia la sociedad de la comunicación se deben, en gran medida, a la esclerotización de las instituciones sociales europeas. Esta apreciación es imprescindible para poder diseñar una estrategia política que permita alcanzar a la economía americana, tal como ahora se propone 

(13) En el momento de escribir estas líneas (Febrero del 2000), junto antes de la cumbre de Lisboa, el primer ministro portugués que se dispone a presidir la Unió, ha anunciado un plan de 10 años para poner a la economía europea al mismo nivel de la economía americana

Cuando los observadores evalúan el progresivo retraso de Europa respecto a los EEUU, con frecuencia hablan de los déficits europeos en investigación y desarrollo. Este tipo de diagnósticos se utilizan para proponer recetas política muy simplistas que preconiza aumentar el gasto en formación e investigación.

Estas políticas son erróneas porque ignoran dos hechos capitales. El primero es que la desigual inversión en investigación y desarrollo es una consecuencia del desigual grado de envejecimiento institucional. Si los marcos institucionales son refractarios a la novedad, difícilmente serán capaces de atraer recursos ni tampoco se esforzarán en desplegar iniciativas orientadas a generar novedad. El segundo error es inyectar recursos de una manera artificial e indiscriminada en ambientes institucionalmente envejecidos. Esta estrategia lo único que produce es un resultado trivial de mera hipertrofia burocrática.

Perspectivas de 
evolución institucional

El hecho constatado de que los marcos institucionales envejecen, no quiere decir que siempre lo hagan, de forma indefectible. En principio cualquier conjunto integrado de configuradores de la acción es una herramienta que conforma el comportamiento humano. Que lo haga de una forma o de otra dependerá de su estructura y también de la manera en que esta estructura evolucione. Puede entrar en una espiral de decadencia o puede, bajo otras circunstancias, recuperarse e iniciar un proceso contrario de ganancia de calidad. El envejecimiento de las instituciones, como ocurre probablemente con el envejecimiento de las personas, no es un proceso necesariamente irreversible.

No estoy sugiriendo, por tanto, que deban derribarse las instituciones envejecidas ni tampoco que debamos dejar que se extingan con la idea de intentar construir más tarde otra cosa distinta. Las instituciones sociales son consubstanciales a la naturaleza social de la condición humana. Lo que corresponde es sustraer a las instituciones de los procesos de envejecimiento y crear condiciones para hacerlas evolucionar en una dirección que sea más apropiada.

Pero, ¿hacia donde, exactamente?

Horizonte de las 
instituciones del 
siglo XXI

De acuerdo con el marco conceptual propuesto, el crecimiento cualitativo de las instituciones se orienta también hacia una condición paradójica.

Si las instituciones, al envejecer, se han convertido en atractores de confirmación, su recuperación pasa por hacerla capaces de atraer también la novedad. Si con la edad, se convirtieron en torres de marfil centradas sobre sí mismas, deben encontrar la manera de restablecer relaciones simbióticas con su entorno social. Si con el paso del tiempo se convirtieron en reductos de seguridad, ahora deben hacerse capaces de estimular también la asunción de riesgos. Si de resultas de la congestión normativa y la inflación colectivista llegaron a ser rígidamente abrumadoras, uniformizadoras y disolventes de la identidad, deben encontrar la manera de revitalizar la individualidad singular e irrepetible de cada persona.

Cuando las instituciones suministren a la gente compuestos de novedad/confirmación, protección/riesgo, aislamiento/apertura, y colectivismo/individualismo que sean apropiados para cada persona, entonces cada uno dispondrá de aquello que necesita exactamente para llevar a cabo su pleno desarrollo como persona.

Todas las características de la mecánica de la novedad/confirmación que he descrito más arriba, se aplican igualmente a las instituciones sociales, sin ninguna dificultad.
... probablemente, la historia más emocionante,  jamás relatada
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EL PARADIGMA DE LA COMUNICACIÓN
(
VI)

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(IV)

 

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(Measuring paradoxical reality)