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LA
DISIPACIÓN
Cualquier
respuesta emocional intensa platea problemas
de disipación. La energía que se suscita
debe encontrar una salida y lo que corresponde
es que se disipe por medio de la actividad. En
ese caso, si la activación ha sido intensa,
la acción que la sigua debería ser
igualmente vibrante y llena de fuerza.
Disipación
insuficiente
y tensión
Puede
ocurrir, por ejemplo, que se activen no solo
uno sino varios comportamientos diferentes y
que esos comportamientos sean incompatibles
entre sí. Echar adelante uno implica inhibir
otro. Una disyuntiva de este tipo puede
desencadenar un estado de tensión.
También
puede ocurrir que la activación sea tan
intensa, que impida dar un curso fluido a la
acción. En tal caso, la acción se proyecta
deformada por la tensión, de manera
descontrolada, errática, espasmódica,
intermitente o a tirones.
Otra
posibilidad es que una activación demasiado
intensa acabe resultando literalmente
insoportable. Entonces, la gente puede
abandonar la acción y recluirse en la parálisis,
con la finalidad de reducir el malestar y
recuperar, aunque sea momentáneamente, el
confort vital. Tácticas de este tipo
funcionan a corto plazo, pero pueden producir
una acumulación de tensión en los estratos más
subconscientes de la persona.
Otra
forma muy usual de tensión acontece cuando no
se dispone de todo el tiempo necesario para
dar curso a la acción que reclama la
respuesta emocional. Entonces la actividad se
lleva a cabo dominada por la tensión que
supone no saber si se podrá realizar
plenamente, correctamente y a tiempo.
La
tensión también puede resultar de una falta
de eficiencia fisiológica. En casos de este
tipo, la activación intensa se produce a
nivel de la respuesta hormonal, pero el resto
del organismo no es capaz de cumplir con los
requerimientos de la acción; el sujeto se
siente muy activado para la acción, pero la
musculatura no responde como debiera o la
vivacidad mental se encuentra por debajo de lo
que correspondería.
Esta
falta de vigor para la acción, se presenta
tarde o temprano, una vez iniciada la acción.
Si se presenta prematuramente, a poco de
haberse iniciado la acción, tendremos un síntoma
de que el organismo disipa mal, lo cual puede
indicar un cierto grado de marasmo orgánico.
Si, por el contrario, se presenta más tarde y
como consecuencia del mantenimiento del
esfuerzo, entonces deberíamos hablar de
fatiga.
La
fatiga aparece como el resultado de una
acumulación de energía no disipada, porque
la energía suscitada no se elimina plenamente
con la acción. Vistas así las cosas, la
fatiga sería una manifestación de la
incapacidad del organismo para mantener su
estado de organización a lo largo de la
realización de un esfuerzo. Teóricamente, si
se disipara completamente toda la energía
suscitada, la fatiga no llegaría a
presentarse.
En
general, se puede decir que una activación
emocional intensa y mal disipada conduce
siempre a un estado de tensión que hará difícil
o imposible el mantenimiento de la acción.
Todo
esto es lo que me lleva a insistir en que las
propuestas de novedad, para ser eficientes,
necesitan tener una composición muy precisa.
Cualquier desviación del punto óptimo de
carga (novedad útil), aleja a la persona de
la activación exacta que le permitiría
desencadenar plenamente su fuerza y su
capacidad tanto para la acción física como
para la acción mental. Para decirlo en otras
palabras, un compuesto de novedad/confirmación
debe estar exquisitamente calibrado para poder
excitar a cada persona en un punto justo y no
desbordar su capacidad de disipación. En el
caso hipotético de que se llegara a mantener
continuamente, a lo largo del tiempo, una
carga apropiada, la persona llegaría a
extraer el máximo partido posible de la
comunicación. De cumplirse esta condición,
la persona estaría en condiciones óptimas
para mantener continuamente la acción, en el
límite de sus posibilidades y, como
resultado, obtendría mejoras cualitativas.
Disipación
y acción
Como
ya he resaltado anteriormente, la disipación
adecuada de la respuesta emocional, se por
medio de la acción. Por lo tanto, el objetivo
último del proceso de los compuestos de
novedad/confirmación no es su asimilación y
disipación sino, por encima de todo, el
desencadenamiento de la acción.
La
gestión de la admisión de novedad, por lo
tanto, no debe concebirse como un recurso para
prevenir les efectos negativos de la tensión,
sino como un medio para intensificar la acción.
No debe verse como una forma de vaciar la
carga emocional, sino como el mecanismo básico
que permite promover una acción vigorosa.
La
gestión d la admisión de novedad debe
considerarse, por lo tanto, como el eje de la
gestión de la energía de una sociedad.
Es el desencadenante de la fuerza de los
pueblos, el recurso primordial para hace
frente a las transformaciones que debemos
llevar a cabo, el combustible que debe
permitirnos afrontar las turbulencias de los
cambios y salir bien parados de la peripecia
que comportan.
Pero
no es suficiente con ser capaces de esgrimir
la fuerza. Se hace necesario, además, aplicar
esa fuerza en una dirección apropiada. Lo que
debo decir aquí es que la dirección
apropiada es la dirección que lleva hacia
alguna forma de crecimiento cualitativo.
Crecimiento
cualitativo y
proceso óptimo de las
corrientes de comunicación
La
disipación exitosa de una activación
emocional apropiada, asegura a) la
asimilación eficiente de novedad y b) el
desencadenamiento correcto de la acción.
Representa, por lo tanto, un proceso óptimo
de la corrientes de comunicación. Éste es
el núcleo del diseño del futuro inmediato.
Desde
esta perspectiva, cualquier mejora cualitativa
aparece como el resultado de una admisión de
novedad/confirmación bien calibrada, seguida
de una disipación fluida de la carga
emocional suscitada
que se realiza por medio de la acción.
El crecimiento cualitativo, por ende, se puede
representar como una concatenación de
admisiones y disipaciones cada vez más
potentes, fluidas y eficientes.
Llegados
a este punto de la discusión, deberemos
considerar que es lo que se puede entender por
“disipación eficiente”. Ya hemos visto
que una disipación de alta potencia es, antes
que otra cosa, una actividad enérgica. Pero
cabe matizar que la fuerza de una actividad se
manifiesta de distintas maneras. Puede haber
mucha fuerza en una actividad vibrante, que se
lleva a cabo de forma expeditiva y fulgurante.
Pero también puede haber mucha fuerza en una
actividad más tranquila, pero persistente en
el tiempo y mantenida con un cierto grado de
obstinación y un alto grado de motivación
durante períodos muy largos de tiempo. El
apasionamiento en la realización de la acción,
que se mantiene enfocada en los mismos propósitos
durante meses o años, puede ser indicativa de
una disipación de alta potencia.
Desde
el punto de vista del contenido de la acción,
una disipación eficiente puede tener una
vertiente estrictamente física (por ejemplo,
actividad motora) y/o una vertiente emocional
y mental (por ejemplo, la ideación de una
obre de arte o la formulación de un nuevo
paradigma).
Pero
puede que haya una forma de disipación que
sea capaz de producir cambios anatómicos en
distintas partes del cuerpo. (por ejemplo, el
desarrollo de tejido muscular) Puede incluso
llegar al extremo de aumentar la complejidad
del sistema nervioso central, con la formación
de neuronas nuevas, entre individuos adultos
(11)
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(11)
ver:
A
brain for all seasons: Cyclical
anatomical changes in song control
nuclei of the canary brain. Science,
214, 1368-70, Nottembohm, 1981. La
formación de neuronas nuevas entre
individuos adultos es una evidencia empírica
desde 1981. Sin embargo, el dogma de la
imposibilidad de generar nuevas neuronas
durante la fase adulta de la vida era
tan fuerte que todavía hoy merece
grandes titulares en la prensa diaria. Ver: La regeneración
cerebral abre nuevas fronteras, El
País 23/11/99, página 39 y Sorpresas
de la década del cerebro, El País,
12/01/2000, pàgina 31 |
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