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REACCIÓN
EMOCIONAL FRENTE A LA NOVEDAD
Las
emociones tienen una gran influencia sobre la
capacidad para afrontar la novedad.
En
primer lugar, porque la reacción emocional es
lo que da color e intensidad al impacto
producido por la novedad. Se trata de aquello
que, de entrada, determina si la nueva
propuesta será acogida con entusiasmo, con
indiferencia o con hostilidad. Es aquello que
hace que la propuesta despierte curiosidad,
miedo, indignación o euforia. Es, a fin de
cuentas lo que desencadena la respuesta
atracción/rechazo y, por consiguiente, lo que
modula la actitud, la atención y el
entusiasmo que mas tarde se concederá a la
propuesta.
Grados
de complejidad
de la respuesta emocional
Cuando
entramos en contacto con una propuesta de
novedad sabemos inmediatamente si nos gusta o
nos desagrada. Si la propuesta, además de la
novedad, contiene muchos elementos que nos
resultan familiares, entonces será todavía más
fácil saber si nos gusta o no nos gusta.
Cuanta más cantidad de elementos familiares
contenga la propuesta, tanto más fácil será
encajarla en nuestros esquemas. En este caso,
la respuesta emocional aflora bajo el influjo
de los elementos reconocidos que presenta la
propuesta.
Por
el contrario, si predomina la novedad, no
sabremos tan bien qué pensar y la respuesta
emocional será menos automática y más
ambigua. Según sea el aspecto sobre el que
centremos la atención, la propuesta podrá
complacernos, pero si nos atenemos a otros
aspectos más desconocidos, la propuesta podrá
resultar inquietante, al mismo tiempo.Respuesta
paradójicas
La
respuesta emocional a las propuestas que
contienen una proporción alta de novedad
posee, a menudo, características paradójicas.
Puede que se desencadene un sentimiento de
atracción, y al mismo tiempo, un sentimiento
de rechazo. Según como, la propuesta puede
caernos bien y según como puede parecernos
fatal.
En
un caso extremo, la propuesta puede aparecer
como una amenaza y sin embargo, al mismo
tiempo, como un vehículo de esperanza, como
una tabla de salvación.
De
otro lado, es preciso subrayar que la novedad
siempre llega cargada de incógnitas. No se
sabe muy bien qué es lo que se puede esperar
de una tecnología nueva, de un nuevo
conocimiento, de una nueva propuesta estética
o de una invitación ética poco convencional.
Tan pronto puede parecer que nos agrada como
que nos desazona, tan pronto creeremos que
puede ayudarnos como que puede desarbolarnos.
Frente
a la novedad, la respuesta emocional se
polariza con más dificultad y se hace más
ambivalente.
El
potencial de paradoja que se halla implícito
en la novedad se refuerza cuando los
componentes de confirmación, aquello que
reconocemos en la propuesta, ocasiona también
una ambivalencia.
Mecánica
paradójica
de las emociones
frente a la novedad
La
respuesta emocional ambivalente no es
cartesiana ni presenta necesariamente ninguna
clase de simetría ni de equilibrio. Quiero
decir que en una reacción paradójica de
atracción/rechazo, el hecho de que la atracción
sea fuerte, no implica necesariamente que el
rechazo sea débil.
De
una manera similar, una reacción débil de
atracción no implica necesariamente la
aparición de un sentimiento de rechazo
fuerte. Puede coexistir perfectamente con un
sentimiento débil de rechazo, e incluso con
una total ausencia del sentimiento de rechazo.
Esta
falta de simetría en las relaciones
emocionales antagónicas es un hecho que es
preciso tener en cuenta para comprender la
verdadera naturaleza del proceso de la
novedad.
Sin
embargo, la posibilidad de que la respuesta
emocional pueda ser ambivalente, no
necesariamente significa que siempre lo sea.
Como todo el mundo sabe, es perfectamente
posible que solo se desencadene un sentimiento
de atracción, sin ninguna sombra de rechazo,
o un sentimiento de esperanza sin ningún
rastro de desesperación.
Lo
que me interesa destacar aquí es que, frente
a la novedad, la intensidad de una emoción
puede ser independiente de la intensidad con
que se manifiesta su emoción antagónica. En otro
lugar (7) he descrito el modelo de atracción/rechazo
y la función de los atractores en el caso de
la reacción emocional producida por el
desarrollo de las nuevas comunicaciones.
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Sin embargo,
conceptualmente es importante hablar a partir de
ese modelo porque permite hacer precisiones y
desarrollar ideas más precisas a cerca de cómo
habrá que implementar herramientas avanzadas
sobre el proceso de la novedad.
Intensidad
de la
respuesta emocional
Un
aspecto importante de la reacción emocional
frente a la novedad/confirmación se refiere a
la intensidad con que se experimenta. Con
independencia de cual sea la reacción en términos
de atracción/rechazo, la respuesta emocional
puede aparecer, en conjunto con más o menos
fuerza.
La
intensidad que despierta una propuesta de
novedad/confirmación se constituye como la
energía que brota de su impacto inicial y,
seguidamente, de la atmósfera emocional que
alimentará el comportamiento ulterior. No se
trata, por tanto, de una cuestión trivial
porque es desde donde sale el “combustible”
que alimenta la acción. Es lo que hará que la
acción sea luego más o menos persistente, más
o menos diligente, más o menos apasionada.
Tan
pronto como nos llega una nueva propuesta,
sabemos hasta qué punto nos emociona. Pero esta
primera impresión no es definitiva. De hecho, a
menudo, después del primer momento, la reacción
emocional adquiere forma, contenido e
intensidad.
Cuando
se despiertan sentimientos antagónicos, se
necesita algún para que la fluctuación entre
un elemento y su elemento contrario adquiera una
amplitud, una frecuencia y un perfil
determinados. Más tarde, todas esas características
pueden estabilizarse o, por el contrario,
evolucionar de alguna manera.
Intensidad
que se deriva
de la amplitud de la
fluctuación del estímulo
Una
propuesta que contenga mucha novedad y, al mismo
tiempo mucha confirmación (grado alto de
paradoja, fluctuación de gran amplitud),
despertará una respuesta emocional más intensa
que un compuesto menos paradójico; por ejemplo
mucha novedad/poca confirmación o poca
novedad/mucha confirmación (fluctuación de
poca amplitud).
En
general, se puede decir que cuanto más paradójico
es el compuesto de novedad/confirmación, tanto
más amplia será la fluctuación y, en
consecuencia, más intensa será la respuesta
emocional.
Intensidad
que es deriva
de la frecuencia
a la
que
fluctúa el estímulo
Cuando
una persona entra en contacto con un compuesto
de novedad/confirmación puede fijar su atención
en los aspectos que contienen novedad, o bien
fijarse únicamente en aquello que le es
familiar. El ritmo de alternancia de la atención
entre una cosa y la otra es lo que define la
frecuencia de fluctuación de la conciencia.
Esta
alternancia puede estar ocasionada por la manera
en que se suministra la propuesta.
Propuestas secuenciales, como un texto,
una historia o un servicio, pueden librar los
contenidos de novedad y confirmación de una
manera simultánea o sucesiva. El autor de la
propuesta controla la fluctuación de la atención
del espectador. Por ejemplo, puede hacer que
primero aparezcan elementos muy familiares, de
manera que el receptor tenga la sensación de saber
que es lo que está pasando y,
seguidamente, presentar mucha novedad de forma
que el receptor se sienta confundido o
desorientado.
El
control de la fluctuación de la respuesta del
receptor se puede hacer jugando con los
contenidos de novedad y confirmación o, incluso
con cualquier otro compuesto paradójico. El
autor de una historia puede hacer que un
personaje aparezca inicialmente como un tipo
odioso y más tarde como una persona humana y
compasiva. Puede hacer que el personaje más
decente de toda la historia resulte ser al final
un asesino repugnante y sin escrúpulos. Una
pieza musical puede empezar de una forma muy
previsible y seguir más tarde de una manera
absolutamente increíble.
Sea
de una manera o de otra, lo que interesa aquí
es que:
- la
atención del receptor puede fluctuar entre
percepciones antagónicas
- que
esa fluctuación puede tener una amplitud más
o menos grande
- que
la alternancia puede ser más o menos
frecuente.
Vemos,
por lo tanto que la intensidad de la fluctuación
depende tanto de su amplitud como de su frecuencia.
La amplitud de la fluctuación tiene que ver con
la intensidad de los rasgos que se presentan (un
personaje muy bueno, que también es muy malo).
La frecuencia, por su parte, puede variar según
sea el ritmo con el que la alternancia se
produce (ahora parece que es bueno, ahora parece
que es malo). Al aumentar la frecuencia de la
fluctuación, el efecto se hace más dramático
y, en el límite (cuando el personaje aparece
como bueno y como malo simultáneamente), el
dramatismo que se suscita es extremo.
Intensidad
que se deriva
de la propia respuesta
Como
acabamos de ver el impacto de una propuesta
depende de la amplitud y de la frecuencia en que
se libran los antagónicos que contiene el estímulo.
La mecánica de la respuesta es muy similar a la
mecánica del estímulo, pero presenta una
diferencia fundamental: la respuesta puede
entrar en reverberación, es decir, que puede
realimentarse.
La
dinámica de la respuesta emocional presenta
ciertas analogías con la dinámica de las
estructuras disipativas (10)
De
acuerdo con el modelo propuesto por Prigogyne,
la fluctuación de los elementos de un sistema,
bajo ciertas condiciones, puede realimentarse
hasta el punto en que sobreviene una destrucción
de su estado de organización. Este episodio
aparece como un momento “revolucionario” que
denomina punto de bifurcación. En los
sistema disipativos simples, es imposible prever
a priori si ese punto de bifurcación producirá
un estado caótico, en el que el sistema se
desorganiza, o si, por el contrario, llevará
hacia un estado más diferenciado, con un nivel
de organización más alto.
De
una manera similar, la respuesta emocional puede
llegar hasta un punto de bifurcación, más allá
del cual, se puede producir lo mismo un progreso
que un retroceso en el estado de organización
propio, o sea, un progreso o un deterioro
cualitativo.
Maniobras
para reducir la
intensidad de la respuesta
Las
emociones antagónicas proporcionan vivencias
muy agudas, pero a menudo también ocasionan un
gran desasosiego.
Como
sea que las personas sabemos que podemos ejercer
un cierto control sobre nuestra respuesta
emocional, es posible que deseemos atenuar su
intensidad. Lo que la gente suele hacer para
moderar la intensidad de sus emociones es
atenuar sus fluctuaciones. Al disminuir la
amplitud y/o la frecuencia de la fluctuación de
sentimientos contrapuestos, se consigue reducir
su carga paradójica y, en consecuencia, se
puede atemperar la intensidad del sentimiento.
Estas
maniobras puede realizarse con propósitos de
diversa índole. Por ejemplo, para proteger un
estado de confort emocional. Así, frente al
dramatismo de un personaje bueno/malo, todo se
hace más fácil si “tomamos partido” y
decidimos que, en el fondo, se trata de una
buena persona (o, al revés, que es un granuja
redomado)
Esta
decisión simplifica las cosas, las hace más
claras, más simples y, por ende, más
soportables. De una manera similar, ante un
compuesto de novedad/confirmación, se puede
negar el componente de novedad (“eso es lo de
siempre, pero con otra apariencia”), o bien
negar el componente de confirmación (“eso es
demasiado nuevo para mi”).
Otra
estrategia para reducir la intensidad de los
sentimientos contrapuestos puede consistir en
decidir que, durante una primera fase de la
exposición, predomina un atributo y durante la
segunda fase, predomina su antagónico.
Tomemos
como ejemplo la respuesta emocional frente al
fenómeno de Internet. En principio, el
observador podría estar oscilando y pasar por
momentos en que se siente eufórico, interesado
y atraído mezclados con otros momentos en que
se siente desasosegado, asustado o amenazado.
Para reducir la intensidad de los sentimientos
se puede polarizar primero en los sentimientos
de desconfianza y rechazo y más tarde
polarizarse en el entusiasmo y el interés (Al
principio lo de Internet me pareció que no era
para mí <se siente únicamente
intranquilo y no percibe las oportunidades que
podría aprovechar>, pero ahora me parece
fantástico <se siente únicamente eufórico
y no mide la magnitud del esfuerzo de cambio
personal que deberá realizar>)
La
tendencia a amortiguar la conciencia de los
sentimientos contrapuestos también puede verse
como el resultado de una presión social. En
muchas culturas, existe una fuerte presión para
que la gente sea “coherente” y que, frente a
los dilemas, adopte posturas claras y sin ambigüedades
emocionales. En ciertos ambientes es
indispensable tener claro lo que se siente y
tomar partido a favor o en contra de las cosas.
En esos ambientes, cualquier respuesta
ambivalente es inmediatamente tildada de
inconsistente, poco madura, errática o
peligrosa.
Esta
presión se puede manifestar también como la
necesidad de suprimir los sentimientos o al
menos, de moderar mucho su intensidad. Los héroes,
con frecuencia son unos tipos duros con cuatro
ideas muy claras. La valentía se pone en duda
cuando una persona siente con demasiada
intensidad o lo hace de una forma
contradictoria.
Entre
las razones y motivos por los cuales la gente se
puede sentir predispuesta a cancelar o matizar
sus sentimientos contrapuestos encontramos otra,
de gran utilidad. Me refiero a la necesidad de
proteger la previsibilidad. Los sentimientos
ambivalentes mal llevados puede desencadenar fácilmente
comportamientos erráticos que oscilen al mismo
ritmo, con la misma frecuencia y con igual
amplitud que las fluctuaciones emocionales. De
esta forma, el curso de la acción se hace menos
previsible tanto para el propio sujeto como para
las personas con quien ese sujeto se relaciona.
Como
se ve, todas esas maniobras persiguen la misma
finalidad. Todas ellas están orientadas a
reducir la ambivalencia de la respuesta
emocional. Sin embargo, aunque son eficaces,
hacen que se pierda una parte de la información,
porque la realidad es a menudo compleja y
contradictoria y al simplificarla y reducir los
sentimientos que despierta, se reduce, al mismo
tiempo y en la misma medida, la conciencia que
tenemos de esa realidad.
Otro
punto que debo subrayar aquí es que no todas
las personas tienen la misma capacidad para
moderar sus fluctuaciones emocionales. Las hay
que puede simplificar más que otras. Las hay
que, sin cancelar sus emociones, pueden
conservar una acción coherente.
Entre
los que se permiten percepciones complejas y
aceptan dar libre curso a sentimientos
contradictorios hay de todo. Algunos producirán
estados emocionales mórbidos y se extraviarán
en los impulsos de cada momento. Otros, por el
contrario, podrán preservar mejor su equilibrio
interno, así como la coherencia, la
consistencia y la previsibilidad de su acción.
Como
ya tendremos ocasión de considerar más
adelante, varía mucho de una persona a otra su
capacidad para alojar sentimientos
contradictorios, en condiciones de seguridad. En
la capacidad de hacerlo, reside la clave de la
capacidad para afrontar la novedad y asimilar
los cambios.
Estamos,
por lo tanto, hablando del núcleo central de
los problemas que nos plantea el futuro
inmediato y, lógicamente, también de los
problemas que nos plantea el diseño de ese
futuro.
Esta
capacidad para afrontar la novedad y el cambio
está estrechamente relacionada con la habilidad
para disipar la respuesta emocional.
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