Josep Burcet Llampayas

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Repensar la política cultural

      

Hoy nadie pone en duda que las transformaciones producidas por la tecnología, la economía y el conocimiento tendrán efectos culturales de primera magnitud. Frente a este hecho inevitable, la política cultural deberá facilitar estas transformaciones y potenciar la capacidad de la población para llevarlas a cabo.

Hasta hoy, el objeto de la política cultural se ha referido fundamentalmente a la gestión de manifestaciones artísticas, las fiestas populares, los museos, el teatro, la literatura, la pintura, la recuperación de prácticas lúdicas que habían caído en desuso, etc.

Ha llegado el momento de revisar las prioridades porque los cambios son rápidos y profundos y van a serlo cada día más. La preparación para afrontarlos no va a obtenerse visitando museos, participando en grandes acontecimientos lúdicos, acudiendo a espectáculos de danza, a conciertos o a representaciones teatrales.

Por este motivo, la política cultural, además de continuar ocupándose de los temas usuales de siempre, deberá abrirse hacia otros ámbitos de la cultura, entendiendo la cultura de una manera más amplia que incluye todas sus vertientes antropológicas, institucionales y sociológicas.

Los cambios culturales que debemos llevar a cabo están relacionados con:

1.      la capacidad de adaptación de la gente y con su equilibrio emocional frente a la incertidumbre, la ambigüedad y la indeterminación,

2.      La gestión de la novedad

3.      la manera de funcionar de las organizaciones,  en donde se deben cambiar hábitos, actitudes, visiones y algunos principios muy enraizados para que se hagan más flexibles y más abiertas a la novedad,

4.      la creación de marcos de actuación que ofrezcan a las personas y a las instituciones un terreno en el que pueda prosperar la creación y adopción de los cambios culturales que debemos llevar a cabo.

 En esta encrucijada, debemos:

a)      en primer lugar, aumentar nuestro esfuerzo en el campo de la política cultural (menos tiempo y recursos para las infraestructuras físicas y más tiempo y recursos para el desarrollo de recursos intangibles),

b)      identificar cuales son exactamente los nuevos ámbitos que ha de ser objeto de la política cultural (los recursos intangibles que sean especialmente útiles para hacer frente a los cambios)

c)      repensar las prioridades (reordenarlas en función de las nuevas necesidades emergentes)

 Un campo paradigmático de la nueva política cultural estará representado por los esfuerzos que hagamos en la prevención del envejecimiento institucional y en el lanzamiento del crecimiento cualitativo de nuestros marcos institucionales, no únicamente en el ámbito de la institución municipal, sino también en otros ámbitos: la empresa, la enseñanza, la sanidad, etc.

 

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