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FUENTES DE INNOVACIÓN
Las grandes innovaciones
que se han registrado en el pasado nunca surgieron de
ambientes fuertemente institucionalizados. La
"gente de la casa", los insiders solo
conservan lo que existe y tienden a perpetuarlo. Han sido siempre los "outsiders"
los que innovan. Como demostró Jane Jacobs, en Economía
de las Ciudades, la
innovación con mayor potencial nunca ha surgido de los profesionales
instalados. Los copistas de libros de la Edad Media no
inventaron la imprenta, como tampoco las mecanógrafas,
los delineantes y los contables idearon
los ordenadores.
Los colectivos
profesionales están retenidos por sus rutinas y raramente
funcionan como lanzaderas de cambio cultural. Lo mismo ocurre con sus líderes. Usualmente
se identifican mal con el espíritu de la innovación. Los
más abiertos, lo que realmente les interesa es sacar partido de innovaciones
producidas por otros, pero sin poder abandonar plenamente
su confinamiento en la atmósfera cultural de la
institución que les alberga.
¿Es esto suficiente?
CRISIS GENERAL DE LIDERAZGO
Es suficiente cuando la innovación es
instrumental, o sea, cuando únicamente reemplaza unas herramientas por otras, sin alterar los
procedimientos de fondo,
las idea y conceptos subyacentes y los objetivos
fundamentales de siempre.
Pero no
es suficiente cuando, además, hay cambios culturales importantes. Frente a los cambios de
paradigma, los insiders no son agentes
ágiles, ni tienen capacidad para señalar la
dirección a seguir, ni todavía menos, pueden ofrecer la
energía requerida para despertar la fuerza y la pasión
de los demás.
En una época de cambios
intensos, como la que se ha iniciado, los líderes instalados
pueden impulsar la innovación con iniciativas
superficiales, pero perciben mal las reacomodaciones
culturales de fondo. Esto acontece
en todos los campos: en la sanidad, en la
enseñanza, en la empresa y en la política.
Con una dirección así,
hay que hablar de crisis generalizada de liderazgo. En tanto
no se resuelva esta crisis, la sociedad queda expuesta a
peligrosos avatares, los ciudadanos perderán oportunidades
trascendentales para ellos, las empresas no desplegarán todo su
potencial de crecimiento y la política continuará
encerrada en su propia burbuja. Todo eso podría mejorar deprisa con un liderazgo
mejor.
Algunas grandes compañías
en el campo de las comunicaciones y la tecnología están
ensombreciendo por causa de una estrategia anticuada que
conserva todos los tics de los monopolios
tradicionales. Esas
empresas podrían jugar bazas muy potentes pero, atrapadas
por la cultura de las concesiones y las ambiciones monopolistas, comprometen inmensas sumas de dinero
que, usadas para otros propósitos, ayudarían a
desencadenar rápidamente toda la riqueza latente que encierra
la naciente sociedad de la comunicación.
La situación de fondo es parecida
en los otros campos: en la política, la enseñanza o la
sanidad.
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