Josep Burcet Llampayas

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Ingeniería de Intangibles
2 ª edición
revisada y aumentada

detalles
 

Liderazgo
en el siglo XXI

(2)

 
Liderazgo para los años
que se avecinan

Si los líderes, bajo la influencia de las inercias institucionales, señalan una dirección errónea a seguir, ¿Cómo lograr que surja un liderazgo capaz de señalar una dirección acertada?

Antes de responder a esta pregunta es necesario recordar cómo surge la innovación.

FUENTES DE INNOVACIÓN

Las grandes innovaciones que se han registrado en el pasado nunca surgieron de ambientes fuertemente institucionalizados.  La "gente de la casa", los insiders solo conservan lo que existe y tienden a perpetuarlo. Han sido siempre los "outsiders" los que innovan. Como demostró Jane Jacobs, en Economía de las Ciudades,  la innovación con mayor potencial nunca ha surgido de los profesionales instalados. Los copistas de libros de la Edad Media no inventaron la imprenta, como tampoco las mecanógrafas, los delineantes y los contables idearon los ordenadores.

Los colectivos profesionales están retenidos por sus rutinas y raramente funcionan como lanzaderas de cambio cultural. Lo mismo ocurre con sus líderes. Usualmente se identifican mal con el espíritu de la innovación. Los más abiertos, lo que realmente les interesa es sacar partido de innovaciones producidas por otros, pero sin poder abandonar plenamente su confinamiento en la atmósfera cultural de la institución que les alberga.  

¿Es esto suficiente? 

CRISIS GENERAL DE LIDERAZGO

Es suficiente cuando la innovación es instrumental, o sea, cuando únicamente reemplaza unas herramientas por otras, sin alterar los procedimientos de fondo, las idea y conceptos subyacentes y los objetivos fundamentales de siempre.

Pero no es suficiente cuando, además, hay cambios culturales importantes. Frente a los cambios de paradigma, los insiders no son agentes ágiles, ni tienen capacidad para señalar la dirección a seguir, ni todavía menos, pueden ofrecer la energía requerida para despertar la fuerza y la pasión de los demás. 

En una época de cambios intensos, como la que se ha iniciado,  los líderes instalados pueden impulsar la innovación con iniciativas superficiales, pero perciben mal las reacomodaciones culturales de fondo. Esto acontece en todos los campos: en la sanidad,  en la enseñanza, en la empresa y en la política. 

Con una dirección así, hay que hablar de crisis generalizada de liderazgo. En tanto no se resuelva esta crisis, la sociedad queda expuesta a peligrosos avatares, los ciudadanos perderán oportunidades trascendentales para ellos, las empresas no desplegarán todo su potencial de crecimiento y la política continuará encerrada en su propia burbuja. Todo eso podría mejorar deprisa con un liderazgo mejor.

Algunas grandes compañías en el campo de las comunicaciones y la tecnología están ensombreciendo por causa de una estrategia anticuada que conserva todos los tics de los  monopolios tradicionales. Esas empresas podrían jugar bazas muy potentes pero, atrapadas por la cultura de las concesiones y las ambiciones monopolistas, comprometen inmensas sumas de dinero  que, usadas para otros propósitos, ayudarían a desencadenar rápidamente toda la riqueza latente que encierra la naciente sociedad de la comunicación.

La situación de fondo es parecida en los otros campos: en la política, la enseñanza o la sanidad. 

 

Continuación:

Hacia un liderazgo más libre
de inercias institucionales

 


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