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Josep Burcet
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Notas de viaje a través de los cambios

Redescubrir lo que ya conocías
(Reajuste de todo el mapa mental que nos informa sobre la realidad)

Josep Burcet © 2008
última revisión: 03/04/2008

Cada vez que he hecho un cambio importante en el sistema de sonido resulta que mis discos suenan de otra forma y muestran aspectos, a veces inesperados, que no conocía.

Me pasó cuando acondicioné acústicamente la sala y también cada vez que he reemplazado un componente de la cadena por otro mejor. Es como si la música que ya conocía se revelara de otra forma, con otros tintes, otra atmósfera y ofreciera información extra que nunca había recibido antes.

Esto hace que redescubra lo que creía conocer ya perfectamente. Después del cambio algunos de los discos parecen mejores de lo que pensaba, mientras que otros que me gustaban mucho ya no parecen tan interesantes.

Estas experiencias con los discos y la alta fidelidad
arrojan luz para entender el intríngulis de los procesos de cambio

Todo esto revela una faceta importante que acompaña cualquier proceso de cambio. Al pasar de circunstancias anteriores a otras nuevas se rompe la imagen que se tenía de las cosas. Desde las circunstancias nuevas, el "mapa mental" que se tenía de la realidad queda desencajado y no se corresponde con las nuevas percepciones.

Este desacuerdo no siempre resulta agradable.

  • Hay quienes se niegan a reconocer las nuevas evidencias y se aferran a las percepciones anteriores, que resultan más familiares. Éstos se refugian y tratan de protegerse, guareciéndose en la madriguera de todo aquello que les resulta entrañable.
  • Hay otros que experimentan la percepción nueva con un sentimiento de pérdida, porque las cosas ya no son "lo que eran". (A veces, se da por descontado además que "lo que eran" es "lo que deben ser")
  • También hay quienes se sienten turbados al darse cuenta de que sus percepciones anteriores eran inexactas y relativas y que, tal vez, las nuevas que parecen más precisas que las anteriores, sean también relativas, lo cual siempre produce una cierta desazón.

Los cambios, especialmente cuando son angulares, ponen de manifiesto la fragilidad de las ideas y sentimientos que teníamos a propósito de todas las cosas y tal vez sea por eso que muchos se sienten tentados a encogerse y mantenerse a salvo de las novedades que resultan demasiado punzantes o inclementes.

El refugio frente al cambio es un bunker en cuyo interior se alimenta la ilusión de que todo puede permanecer igual que siempre. Si se hace así, se cosecha una confortable y cálida sensación de seguridad. Es bastante sencillo: se trata de alimentar el espejismo de que lo que pensamos y lo que sentimos es lo correcto y lo que refleja fielmente la realidad que nos rodea.

En tales condiciones, lo que uno ve, lo que oye y lo que piensa se filtra y el resultado se toma como la representación exacta de lo que hay en la "realidad". Se descartan todas las otras visiones o evidencias que podrían sembrar una duda. Poder pensar de esta forma siempre es un alivio y proporciona seguridad en uno mismo y en su propio pensamiento.

Sin embargo, para disfrutar plenamente de esta seguridad engañosa se requiere rehuir la novedad o buscar únicamente novedades que son, en el fondo, nuevas versiones ligeramente retocadas y maquilladas de lo que ya es conocido. De esta forma se pueden reconfirmar las "evidencias" de antes, todo aquello que ya se "conoce" al dedillo y que no plantea ninguna sensación de inseguridad.

Conocer quiere decir poseer un mapa mental que encaja con lo que uno percibe.

Pero cuando lo que se percibe ya no se corresponde con lo que uno se pensaba que era, se experimenta un cierto vértigo y se puede hablar de disonancia cognitiva porque la mente dice "esto debería ser así" y resulta que se está percibiendo otra cosa o de otra manera.

En el caso del redescubrimiento de música ya conocida, se da otro efecto que me parece de sumo interés.

En un primer momento, lo que ocurre es que se oyen cosas con mucha más claridad. Cosas que antes no se oían o se escuchaban de una forma confusa. Entonces el "mapa mental" se empieza a recomponer con nuevas colecciones de impresiones. Pero más tarde surge otro efecto, en el plano de los significados. Al llegar a este punto no sólo se oyen más cosas sino que se empiezan a desvelar significados que anteriormente pasaban desapercibidos.

Este último efecto indica que la remodelación de los "mapas mentales" es mucho más profunda de lo que podría parece en principio.

El primer paso es saber más o de otra manera. El paso siguiente es comprender mejor o comprender de otra forma, lo cual expande el abanico de significados que nos resultan accesibles. Entonces algunos temas "dicen cosas" que antes se escapaban. Esto ocurre, al llegar a un determinado momento, sin ningún esfuerzo. Ocurre de repente, un buen día se empieza a notar, se empieza a comprender, sin más.

Este efecto es muy parecido a lo que ocurre cuando se aprende una lengua extranjera. Se pasa por distintas etapas: primero son sonidos absolutamente incomprensibles, que pueden parecer más o menos agradables. Más tarde ya reconocemos las palabras y empezamos a entender lo que oimos. Pero hasta que no se domina plenamente la musicalidad del habla y se adquiere un buen conocimiento de todo el telón de fondo cultural de ese idioma, no se llega a captar plenamente todos los significados que transportan los sonidos del habla.

El efecto de la expansión del significado es especialmente contundente en el caso de la música porque es un "lenguaje" que entra y sale del "alma" de una manera muy directa, sin la mediación de la palabra, ni de la imagen. En este sentido, la música y más en general el sonido, viene a ser una especie de atajo para la comunicación. Por eso resulta especialmente alentador empezar a darse cuenta del inmeso repositorio de significados que puede llegar a proporcionarnos y las tremendas posibilidades que nos ofrece para ayudarnos flexibilizar lo que somos y facilitar así nuestro fluir y nuestra transformación personal.

Llegados a este punto, la música ya no se ve como una simple diversión, como un referente de identidad o una mera fuente de placer, sino además y sobre todo como un poderoso aliado para lograr fluir más y mejor.

Las personas más dúctiles y más abiertas al cambio también experimentan disonancias cognitivas asociadas a la reconstrucción de los "mapas mentales" pero pueden vivir la experiencia de una manera más flexible, con menos temor y de una forma menos traumática. Por esta razón les cuesta menos repensar lo que ya creían conocer.

Para éstos, la novedad es una tabla de salvación que permite abrirse a nuevas perspectivas y disfrutar de condiciones más favorables para la evolución personal.

En general, se puede decir que la dificultad que plantea la asimilación de novedad está estrechamente relacionada con el papel que tiene el conocimiento en la manera de sentir la identidad.

Aquellos que asientan su identidad sobre todo en sus conocimientos y en los sentimientos fraguados en su pasado (soy lo que sé y lo que he sentido) tienen menos capacidad para afrontar los cambios y ofrecen más resistencia al fluir de las transformaciones.

Es como si los conocimientos y los sentimientos fueran el terreno sobre el que se apoya el edificio de la identidad. Mientras el terreno permanece firme, la identidad se mantiene incólume e intacta. Pero cuando el terreno pierde firmeza, el edificio se resquebraja. Si un terremoto sacude ese "suelo", el edificio puede incluso llegar a derrumbarse.

Al entrar en crisis el conocimiento, entra también en crisis la identidad. Los que asientan su identidad en su conocimiento necesitan rehuir la novedad. Se trata de un asunto de la máxima importancia sobre todo si la novedad es muy subversiva del estado de cosas anterior.

Las personas más capaces de afrontar el cambio no buscan la seguridad en la exactitud de lo que creen saber, sino en la certeza de que son capaces de repensar la realidad cada vez que se hace necesario. Pero esta es otra forma de experimentar la identidad. Su ventaja es que es un terreno más sólido y menos expuesto a los terremotos de los cambios.

Para los que apoyan su identidad en este otro terreno, el enfásis deja de estar en "lo que ya he hecho" y en "lo que he sentido hasta ahora". El énfasis se pone entonces en "lo que puedo hacer de ahora en adelante" y en "lo que puedo sentir a partir de ahora".

Cuando uno deja de estar sujeto a "lo que ha sido" aumenta sus posibilidades de llegar a ser lo que puede puede llegar a ser. Entonces el pasado deja de ser una cárcel y se transforma en una plataforma, en una lanzadera, que es como debe ser, para sobrevivir en un mundo en plena transformación.

 

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