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Notas de viaje a través de los cambios |
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Cuando llega el momento de deshacerse de las muletas |
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11/11/2007 Mi amplificador anterior a transistores era muy analítico y me gustaba porque restituía bien los detalles. Pero el sonido era también un poco frio y metálico y llegaba como si estuviera encerado o barnizado, lo cual no estaba totalmente exento de encanto, esta es la verdad. Pero a la música le faltaba algo que debe tener: musicalidad y veracidad. Haciendo pruebas con el amplificador anterior, decidí apoyar los componentes sobre ceniceros de cristal que reposaban, a su vez, sobre tres tacos de gomaespuma. De esta forma, los instrumentos parecían más aireados y se conseguía un contraste mejor. Se agrandaba la distancia entre los mezzo piano, mezzo forte, pianísimo y fortísimo. También se expandía la "atmósfera" entre los intrumentos de primer plano y los que se hallan en segundo o tercer plano. En cuanto empecé a usar un amplificador de gama alta, la receta de los ceniceros de cristal asentados sobre gomaespuma no solamente ya no es necesaria sino que además me pareció que resultaba perjudicial. Un apoyo más firme proporcionaba un sonido es más inmediato, articulado y bien definido. El nuevo amplificador ya no necesita maquillaje de ninguna clase porque el sonido ya es suficientemente cálido. La atmósfera entre los instrumentos resulta también excelente y no necesita ser trucada. Así que lo que era bueno y útil en el contexto anterior, en el contexto nuevo se había tornado supérfluo y perjudicial. Este efecto es muy frecuente en cualquier proceso de cambio. Lo que es útil en unas circunstacias determinadas puede convertirse en un estorbo en unas circunstancias nuevas. La experiencia es aleccionadora porque pone de manifiesto que en los cambios hay que ser capaz de romper con las recetas antiguas cuando se comprueba que se han transformado de buenas aliadas en malas compañeras de viaje. |
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