La manera de experimentar
la música ha ido evolucionando a lo largo de la
vida, guardando un cierto paralelismo con la mejora de las condiciones
objetivas de la escucha y eso es lo que deseo resaltar.
No es lo
mismo oir música en una radio antigua de 1950, que escucharla en
alta fidelidad. No es igual oir un concierto en la última fila del
gallinero, que en las primeras butacas de la platea.
Si me remonto a la infancia, recuerdo que pronto empecé a
distinguir entre lo que me atraía,
lo que me dejaba indeferente y lo que me resultaba incómodo, ingrato o desagradable.
Durante mucho tiempo, mi experiencia musical fué fundamentalmente
auditiva, emotiva y motora: melodías, afloramiento
de emociones y la experiencia corporal del ritmo.
Con la adolescencia
y de la mano de la música llegó la sensación de conectar con lo que era "nuevo". La música
más moderna de aquel momento me permitió encontrar un espacio propio alejado del estilo de vida de mis
padres y de la manera de pensar convencional,
lo cual era muy importante para mi en aquel momento. En esa época, las nuevas
tendencias musicales aparecían como la promesa de un mundo menos
agarrotado, más auténtico, más cercano
y más vivo.
En cuanto tuve mi primer equipo de alta fidelidad, la música se
enriqueció. Fue como pasar de una película de 8 mm. en blanco y negro
a otra de 70 mm. en tecnicolor. A medida que fué mejorando el equipo,
empecé a descubrir una nueva sensación: bajo el influjo
de la música,
venían ideas y visiones interesantes que podía más
tarde plasmar por escrito o de manera gráfica.
De esta forma, la música
empezó a
ser una fuente de inspiración y un
estímulo para la creatividad.
Ya no me limitaba a escuchar y paladear lo que oía, sino
que empecé también
a escrutar, desentrañar y desvelar respuestas a diferentes
cuestiones que me planteaba la vida.
Desde que empecé a mejorar substancialmente el acondicionamiento
acústico de la sala, la música adquirió una nueva
dimensión. Fue como pasar de la película de alta resolución en
pantalla grande, al
cine 3D sobre pantalla enorme. Ahora se perciben con mucha claridad
los dintintos planos, la ubicación espacial de los instrumentos y
un mayor contraste entre los pianísimos y los ataques más fuertes.
Es la música táctil y en relieve.
Estos
cambios en la instalación del equipo han reforzado la aparición
de nuevas experiencias. Más allá de la mera sensación
auditiva, empecé a meditar a caballo de la música,
pero no únicamente
de una manera mental, sino también corporal y sensorial. Quiero
decir que las sensaciones procedentes de los
órganos y tejidos de distintas partes del cuerpo adquieren
más relieve y se acrecienta la sensación de que se
están comunicando
entre sí. Sabía que esas correntes de comunicación
interna existen, pero ahora, gracias a la música parece que puedo empezar a notarlas. |