Al
analizar las sucesivas oleadas de cambio que han sufrido las
organizaciones, lo primero que llama la atención es que
cada oleada requiere una gestión del cambio que es más compleja
que la anterior.
La oleada de los
60, con la adopción de la informática para usos contables, los
cambios fueron relativamente superficiales.
La oleada de los
70, relacionada con las mejoras en la productividad, y que tenía
por objeto reducir los costes y ampliar los mercados, no modificó fundamentalmente
el objeto de la actividad. Se trataba de hacer con menos recursos
lo mismo que se estaba haciendo antes, o incluso a más gran escala.
Para ello se llevaron a cabo reorganizaciones promovidas por
la dirección que no requerían mucha cooperación por parte del
personal. Los afectados, dentro de la organización, eran sujetos
fundamentalmente pasivos que sufrían el cambio. Todo lo que se
tenía que lograr es que lo aceptaran y se adaptaran a las nuevas
circunstancias,
Por el contrario,
los cambios que se emprenden durante los 80 con el objeto de
mejorar la calidad ya requerían más protagonismo y cooperación
por parte del personal.
La generalización
del uso de los ordenadores personales, sobre todo a partir de
los 90, también implica una cooperación más activa por parte
del personal, que debe iniciar un aprendizaje cada vez más complejo.
Las amenazas para los que no logran seguir se hacen más serias
porque son acechados por una nueva forma de analfabetismo que
antes no existía.
La oleada de cambios
ligados a la introducción de Internet, durante los 90 es aún
más compleja y requiere más protagonismo, responsabilidad
y compromiso por parte de un mayor número de personas.
Ahora los cambios
actuales relacionados con la potenciación de la flexibilidad
requieren algo más que la adquisición de nuevas habilidades.
Requieren un cambio de hábitos, fromas de pensar y actitudes
que es mucho más difícil. Ahora se trata de un cambio importante
de mentalidad y de una modificación de fondo en la cultura
de la organización.
Es así que desde
los 60, los requisitos necesarios para realizar las transformaciones
son cada vez más complejos y difíciles de llevar a cabo. Cada
nueva oleada aumenta los requerimientos de formación, eleva la
tensión y las amenazas producidas por el cambio y se incrementa,
al mismo tiempo, la dificultad para vislumbrar cómo serán las
nuevas circunstancias. Cada nueva oleada requiere mayor equilibrio
emocional por parte de todos. A cada nueva oleada, el cambio
cultural necesario es más intenso.
Por lo demás,
hay que tener en cuenta así mismo que cada una de esas oleadas
se superpone a la anterior y coexiste con ella. En los 60 solo
había que asimilar la oleada de los 60. Ahora, en la década 2000
- 2010, continua activa la oleada de los 70 (hay que continuar
reduciendo costes), la de los 80 (hay que continuar mejorando
la calidad), la de los 90 (hay que asimilar la informática personal
y el uso de Internet). Y a todas ellas se acumula la más reciente,
relacionada con la potenciación de la flexibilidad y que requiere
importantes los cambios culturales más importantes.
Es así que, durante
los últimos 30 años, se produce una doble acumulación. De un
lado, se produce una acumulación de cambios a realizar, y de
otro, se acumula también la dificultad para diseñar e implementar
los cambios.
En
consecuencia, la dificultad para gestionar el cambio, crece
exponencialmente. Sin embargo, se convierte un instrumento
indispensable para hacer frente a los problemas que se avecinan.
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próximo gran cambio cultural" |