Pero
la cultura actual de las organizaciones surgió de un mundo
que era mucho más estable. Se trata de una cultura que funcionó razonablemente
bien en un entorno de cambios moderados. Ahora, por el contrario,
para dar respuestas ágiles frente al cambio intenso,
la cultura organizacional de las épocas de mayor estabilidad
no acaba de funcionar.
Como es lógico,
mientras las organizaciones han actuado en ambientes relativamente
estables, el arte de gestionar el cambio no fue una prioridad
y, en consecuencia, se ciltivó poco. La dirección de las
organizaciones se centraba fundamentalmente en:
- conservar
el nicho de mercado que habían conquistado,
- gestionar su
crecimiento y
- en mantener
su estabilidad interna.
En épocas
más estables las organizaciones funcionaban razonablemente
bien por la vía del control, la planificación estratégica,
las órdenes de arriba abajo, las estructuras burocratizadas
y una garantía de seguridad y estabilidad para todo el
mundo.
Cuando se acelera
el cambio, todo esto se modifica radicalmente. La necesidad de
dar respuestas rápidas a situaciones emergentes poco previsibles
...
Compromiso, co-responsabilidad,
creatividad, iniciativa por parte de todo el mundo
La gestión
de su propia transformación se acometía excepcionalmente,
ráramente, como una operación puntual que separaba
períodos de estabilidad que duraban años.
Ahora la situación
es distinta. Ahora, la gestión de la propia transformación
se ha convertido en un cometido de gran importancia estatégica
que debe llevarse a cabo de forma continuada como un aspecto
más de las tareas habituales de gestión la general
de la organización.
La aceleración
del cambio requiere
que las organizaciones:
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