futuro, innovación y liderazgo

   
   

Josep Burcet © 2002, 2007


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De cómo se construye el futuro

El intento de controlar el futuro es propósito común que realizamos continuamente, todos los seres, todos los días y a todas horas. En las cosas más pequeñas y triviales, como cuando procuramos que la comida no se queme, hasta en las cosas más grandes y complejas, como cuando un grupo de países lazan conjuntamente un gran laboratorio hacia el espacio exterior.

En las vidas de los hombres, siempre aparece ese mismo deseo de dar forma a lo que está por ocurrir, suponiendo que, si logramos controlar todos los detalles, el resultado será exactamente aquello que nos habíamos propuesto.

Pero los resultados absolutamente exactos solo se obtienen cuando el estado futuro depende exclusivamente de un entramado de relaciones causales. Es decir, no siempre.

Se podría decir que hay tres formas básicas de construir el futuro.

 

1) La construcción causada de nueva realidad

Hay futuros que son la consecuencia directa de la acción de una serie de elementos que existían previamente. Esos elementos se conjugan de tal forma que dan lugar a un suceso ulterior.

Lo característico de estos futuros es que están producidos por intervenciones externas. El futuro de una mole de mármol, por ejemplo, depende de factores ajenos a lo que es a la roca en sí misma. Son esos factores externos los que determinan lo que le va a ocurrir.

Así, la "causa" de una estatua  son las ideas y emociones del escultor que se combinan con la acción de sus manos, del martillo, del cincel y demás circunstancias concurrentes.

En los procesos causados siempre se espera que haya alguien o algo  que haya actuado como artífice.

Este sería el ámbito de los futuros determinados por mecanismos causales.

   
 

2) Nuevos estados que acontecen fortuitamente 

 

Hay otros futuros que resultan de la concurrencia de circunstancias fortuitas, y cuyos efectos se atribuyen a lo que coloquialmente llamaríamos la "casualidad". Estos futuros no tienen artífice y son más indeterminados, en el sentido que escapan al imperio estricto de las relaciones causales.

Comparten con los futuros causados la idea de que el pasado determina el futuro. No se espera que nada ocurra que no haya sido originado por el pasado que le precede. 

De otro lado, es común a los futuros causados y a los futuros fortuitos considerar que nada realmente nuevo acontece. Como mucho, el estado ulterior es siempre una transformación de algo que antes ya existía.

   
 

3) Los estados futuros que surgen de la nada

 

Finalmente, quedan los futuros que no son fortuitos y que acontecen sin conexión causal plena con los estados precedentes.

Esos futuros surgen siempre de la acción de sistemas que se auto-organizan. Aquí, lo más importante es darse cuenta de que el futuro no está totalmente determinado ni por circunstancias externas ni por circunstancias anteriores. Emergen "desde dentro" y pueden producir cosas que no habían existido nunca antes. 

En el futuro de un sistema que se auto-organiza, al menos una parte de la acción generadora del futuro procede de la resolución no estrictamente causal de los puntos de bifurcación (*) que jalonan una trayectoria.

(*) Puntos de bifurcación,
en el sentido propuesto por Prigogine.

Ver resumen

La resolución de esas encrucijadas sucesivas es lo que hace que el futuro sea uno u otro y sin que causas previas, ni la volutad o los propósitos jueguen necesariamente un gran papel.

Esto no implica que el futuro de los sistemas que se auto-organizan esté completamente a salvo de lo que es causado o fortuito. Usualmente el estado futuro también puede estar afectado tanto por una cierta causalidad como por el azar.

Pero eso se produce en distintas medidas. Si hay veces que la fuerza de auto-organización que viene del interior es muy débil, otras veces aparece con un empuje mayor.

En general, se puede decir que los sistemas y organismos que son más complejos poseen una mayor capacidad de auto-organización. También se puede decir que los sistemas más complejos tienen más ocasiones para ser libres, es decir que su futuro está menos condicionado por mecanismos causales que conducen fatalmente a un resultado determinado.

El futuro de los sistemas más complejos depende más de los procesos de auto-organización y menos de procesos causados o fortuitos.

Como ya he señalado, en el futuro de los sistemas que se auto-organizan aparecen elementos nuevos que no existían antes. Estos sistemas exhiben una cierta capacidad de creación. Hay ejemplos de sistemas que solo generan cantidades muy pequeñas de elementos totalmente nuevos. Pero es igualmente cierto que hay otros que producen cantidades mayores. 

Aquellos que poseen menos capacidad para producir novedad suelen dedicar su capacidad de auto-organización para preservar el estado de orden que han alcanzado. Fundamentalmente, se trata de organismos cuyos estados futuros tienden a ser una mera réplica homeostática de sus estados anteriores.

Pero hay igualmente otros organismos y sistemas que pueden producir transformaciones substanciales que implican cambios de naturaleza, lo que podría ser entendido como una especie de capacidad de creación metafísica. En estos casos, la resiliencia y la homeostasis acaban doblegadas por un cambio de naturaleza.

De otro lado, el futuro de los sistemas que se auto-organizan no depende ya exclusivamente de lo que ha ocurrido en el pasado. Puede estar influido también por ideas, impulsos o intuiciones que toman la forma de propósitos, visiones, predisposiciones u objetivos. Cuando esos propósitos son nuevos y difieren substancialmente de los propósitos perseguidos en el pasado, se diría que el futuro ya no está completamente gestado en el pasado, sino más bien que se deriva de una cierta conciencia o premonición procedente del propio futuro. 

Estos futuros que surgen de los avatares anexos a los procesos de auto-organización son futuros que se desencadenan a partir de lo que podríamos llamar plataformas espirituales porque su caldo de cultivo son ambientes inmateriales que surgen a partir de lo que, para entendernos, son sucesos psíquicos "avanzados".

   
 

Efectos de distintas maneras de pensar sobre la generación del futuro

 

Todos deseamos hacer que el futuro sea más previsible. Esto es algo que reduce la incertidumbre y que nos sosiega.

Sin embargo, ese intento nos confina en el espacio estrecho de los futuros causados y nos limita a seguir siendo algo parecido a lo que hemos venido siendo en el pasado.

Cuando el Director General de una empresa planea el futuro, intenta que su organización funcione de una manera determinista y se siente tanto más satisfecho cuanto más logra que todo acontezca con la precisión de una maquinaria de relojería.

Cuando el alto responsable de la investigación de un país planifica la labor de los investigadores y encauza sus esfuerzos en el cumplimiento estricto de una política y unos protocolos, está también tratando de emular a un mecanismo causal, lo que , con frecuencia redunda en menoscabo de la renovación de paradigmas y en el reforzamiento y consolidación de las ideas y procedimiento existentes.

Es el mismo problema que tiene aquel que intenta conducir su vida personal sin "dejar nada al azar, ni a la inspiración".

En todos estos casos, la construcción del futuro se realiza sobre la ficción de que solo la via de los futuros causados es la más deseable y conveniente.

La parte más preocupante del asunto es que esas formas causales de construcción del futuro cuando se aplican de una manera muy estricta son hostiles a la expansión de la libertad y al despliegue de la novedad.

   
 

Tipos básicos de liderazgo en función de la manera de entender la construcción del futruro

 

El lider que ejerce un liderazgo por la via de cauces estrictamente causales, concibe su papel como un jugador de ajedrez que dispone los movimientos de las piezas sobre el tablero con arreglo a aquello que en cada momento le parece más apropiado.

Este liderazgo se basa en la planificación detallada y la ejecución estricta y se considera que cualquier desviación respecto de lo que estaba previsto es siempre un error inoportuno que se debe evitar en la medida de lo posible.

Este tipo de lider se ve a sí mismo como el artífice y fact totum de la construcción de la realidad.

Por el contrario, un líder más sensible a las peculiaridades de la auto-organización se ve más como un facilitador que como un artífice. No se limita únicamente a mover las piezas en el tablero sino que además intenta estimular que cada una de las piezas encuentre por si misma cuales son los mejores movimientos en consonancia con las rumiaciones de las otras.

Teniendo en cuenta cómo están actualmente las cosas, da la impresión de que actualmente el lider ideal es un líder versátil que lo mismo sabe aplicar de manera rigurosa los procesos causados como los procesos más abiertos que dan cabida a la expansión de la libertad y de la innovación.

 

 
Futuro 
(2ª parte)
en preparación
1
Auto-organización y capacidad de creación de la conciencia
2
Perspectiva histórica de las distintas formas de generación del futuro. El futuro de la generación del futuro
   
 

 


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