Carta abierta a los estados
Barcelona, 8 de Julio de 2005 Para repensar la ciudad el dia después del ataque a Londres
del 7 de Julio de 2005 Los ataques del 11-S en Nueva York,
del 11-M en Madrid y del 7-J en Lodres ponen en cuestión
la vulnerabilidad de los modelos urbanos compactos.
Otros ataques anteriores en el metro
de Tokio y París fueron ya un primer indicio de la fragilidad
de las grandes concentraciones de población en las que
grandes masas de personas se desplazan a diario usando los medios
colectivos
de transporte.
Es difícil prever cómo evolucionarán las
amenazas terroristas a largo plazo. Pero no debemos descartar
que puedan intensificarse, ni que puedan aparecer otras formas
de terrorismo que hoy no existen todavía. Las formas actuales
del terrorismo islamista ponen de manifiesto que grupos muy reducidos,
con una capacidad muy limitada, con muy pocos efectivos y medios
económicos escasos, pueden realizar acciones de un gran
impacto.
Produce una gran preocupación pensar cómo pueden
evolucionar esas formas de terrosrismo si el número de
terroristas suicidas creciera substancialmente, aumentaran sus
medios y empezaran a utilizar otros métodos más
devastadores, como pueden ser las armas biológicas, la
contaminación química o el uso de material radioactivo.
La dificultad de prevenir esos ataques
pone en tela de juicio la viabilidad a largo plazo del modelo
urbano compacto y el mantenimiento
de los flujos diarios de millones de personas desplazándose
en las horas punta por el interior de las grandes conurbaciones.
Parece existir un cierto paralelismo
entre estas amenazas y las amenazas de confrontación
nuclear a gran escala del siglo pasado. En ambos casos, la
vulnerabilidad estaba ligada
a la concentración de personas e infraestructuras en
espacios urbanos reducidos.
En plena guerra fría, se ideó una red distribuida
de comunicaciones (Arpanet) que podía resistir un ataque
nuclear sobre los grandes nodos de comunicación. Desde
entonces y con la posterior tranformación de Arpanet en
Internet, la diseminacion de las comunicaciones ya está en
marcha. Pero la población y las infraestructuras están
todavía altamente concentradas y son muy vulnerables a
los ataques de los terroristas suicidas.
Lo que debería sospesarse a partir de este momento es
la conveniencia de reducir los grandes movimientos diarios de
población en el interior de las grandes conurbaciones
y la reconsideración del modelo de compactación
urbana que ha predominado hasta ahora. Las nuevas comunicaciones
pueden hacer viable un modelo de diseminación de la población
sin menoscabo de las corrientes de comunicación.
Hasta ahora las concentraciones humanas
eran el único
contexto que podía facilitar un nivel alto de comunicación
entre grandes masas de población porque esa comunicación
dependía inexcusablemente de la proximidad física
y geográfica.
Pero hemos entrado ya en una época
distinta en la que es posible mantener esos flujos de comunicación
e incluso aumentarlos exponencialmente con independencia de la
distancia física que exista entre las personas.
¿Hará el terrorismo suicida replantear a la
larga el modelo de ciudad compacta?
Teniendo en cuenta que las
contramedidas policiales tendrán una eficacia limitada
durante los próximos años, es posible que la reducción
de la vulnerabilidad frente a esas amenzas consista
en
una fórmula
basada
fundamentalmente
en estos elementos:
- Intensificación del uso avanzado y masivo
de las nuevas comunicaciones
- Progresiva reducción de los flujos diarios
en los transportes colectivos metropolitanos
- Progesiva diseminación de la población
en el territorio
- Potenciación de la mobilidad individual
Este modelo alternativo no suprimiría,
por si mismo, el riesgo de ataques terroristas pero a la larga
reduciría
considerablemente el alcance de los daños posibles.
No ignoro la magnitud de los cambios que implicaría
el paso del modelo de ciudad compacta al modelo de poblamiento
diseminado, ni el tiempo que sería necesario para lograrlo, ni
los retos ecológicos
que deberían
ser afrontados y resueltos para hacer efectiva una mobilidad
individual muy
intensa.
Pero, a la larga, es posible que esa sea la
única salida al menos en tanto que permanezcan todavía vivas
las morales basadas
en el principio de "mi ganancia es tu pérdida" que dificilmente
van a desaparecer completamente durante lo que queda de siglo.
Josep Burcet |