En
esto la tecnología puede ayudar mucho. Antes, la expresión
artística, a parte de talento, requería una gran
inversión
en tiempo y dedicación para adquirir una técnica.
En música, por ejemplo, el compositor y el instrumentista
necesitaban muchas horas diarias de práctica durante muchos
años
para acceder y mantener un grado aceptable de destreza y conocimiento
de los instrumentos. A partir de ahora, en cambio, la expresión
musical va a resultar mucho más asequible gracias a nueva
tecnología.
La exploración de nuevas posibilidades
también se
facilita enormemente. En el pasado, ningún compositor pudo
soñar con la posibilidad de disponer de toda una orquesta
filarmónica virtual para evaluar incansablemente el resultado
de diferentes combinaciones y arreglos.
El escritor también va a encontrar
en la nueva tecnología
una gran ayuda. Dispone de procesadores de texto con una gran cantidad
de ayudas contextuales que le ahorran las taras más mecánicas
y le permiten concentrarse en lo más esencial.
También el pintor, el escultor, el director
de cine y el arquitecto pueden explorar y experimentar sus ideas
en forma virtual
antes de empezar a trabajar con los materiales definitivos.
Por otro lado la tecnología facilita asimismo la difusión
de la obra y la formación de audiencias. Por lo demás,
hay que tener en cuenta que todas esas tecnologías van a evolucionar
a gran velocidad y potenciarán mucho más la generación
y la intensidad de la producción artística.
Nuevas herramientas se van a agregar a las actuales
y algunas tendrán
un impacto extraordinario.
Los expresadores,
por ejemplo, serán
auténticas plantas de exploración de nuevas posibilidades
a gran escala, que acelerarán la tarea más mecánica
de construir y plasmar expresiones. Esas aplicaciones van a ser de
gran ayuda para rastrear nuevas sintaxis para cada lenguaje artístico.
Los simuladores de audiencias, por
su parte, van a proporcionar la posibilidad de evaluar a priori
el impacto de las propuestas antes
de ser presentadas. Hasta ahora, todo esto sólo se podía
producir en el cerebro del autor.