Arte en el siglo XXI

 
 

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Josep Burcet © 2004
 

mensaje para Josep Burcet

 
El siglo XXI es el siglo de la generalización del diseño y de la eclosión de la novedad. La irrupción de novedad va a producirse por varias vías diferentes, pero ninguna de ellas será tan intensa como la que llegue por la vía del arte.

El arte como el 
ámbito de libertad 
por excelencia

Ninguna otra actividad humana puede ejercitarse con tanta libertad como la que permite la expresión artística. De ahí la potencia de la avenida del arte. 

En el campo de la ciencia y la tecnología, la aparición de novedad está más mediatizada por la inercia de los paradigmas existentes. En otros campos como la enseñanza, la sanidad, la administración pública, la política o las religiones esas inercias son aún mucho más fuertes. De hecho, todas las actividades humanas están fuertemente condicionadas por su entorno institucionalizado. Eso dificulta y retarda la introducción de planteamientos nuevos.

En el campo del arte, por el contrario, existe más libertad de movimientos, más tolerancia hacia la propuestas inesperadas, inusuales, insólitas o extravagantes. Las audiencias no esperan que las obras de arte se plieguen a aquello que se considera "la verdad". En el arte prima el principio de "si non e vero, e ben trovato".

Los dogmas pueden derribarse más fácilmente por medio de la expresión artística. El arte es la grieta más abierta, el punto más vulnerable del statu quo, el caballo de Troya para penetrar en la fortaleza del orden establecido, el ámbito en el que la expresión humana se encuentra menos amordazada.

Pero hay también otras razones por las cuales el arte será la principal fuente de novedad del siglo XXI.

 

Democratización del arte
  y tecnología

Consideremos como evoluciona el número de personas que se expresan por medio de manifestaciones artísticas.  Hasta hace poco, se trataba de un grupo muy reducido. Sin embargo, ya ha empezado a crecer exponencialmente y, durante el siglo XXI, se va a expandir mucho más. No será tanto porque todos el mundo se dedique al arte, sino porque cada vez habrá más gente que compatibilizará su ocupación o su profesión con la expresión artística.

En esto la tecnología puede ayudar mucho. Antes, la expresión artística, a parte de talento, requería una gran inversión en tiempo y dedicación para adquirir una técnica. En música, por ejemplo, el compositor y el instrumentista necesitaban muchas horas diarias de práctica durante muchos años para acceder y mantener un grado aceptable de destreza y conocimiento de los instrumentos. A partir de ahora, en cambio, la expresión musical va a resultar mucho más asequible gracias a nueva tecnología. 

La exploración de nuevas posibilidades también se facilita enormemente. En el pasado, ningún compositor pudo soñar con la posibilidad de disponer de toda una orquesta filarmónica virtual para evaluar incansablemente el resultado de diferentes combinaciones y arreglos. 

El escritor también va a encontrar en la nueva tecnología una gran ayuda. Dispone de procesadores de texto con una gran cantidad de ayudas contextuales que le ahorran las taras más mecánicas y le permiten concentrarse en lo más esencial.

También el pintor, el escultor, el director de cine y el arquitecto pueden explorar y experimentar sus ideas en forma virtual antes de empezar a trabajar con los materiales definitivos.

Por otro lado la tecnología facilita asimismo la difusión de la obra y la formación de audiencias. Por lo demás, hay que tener en cuenta que todas esas tecnologías van a evolucionar a gran velocidad y potenciarán mucho más la generación y la intensidad de la producción artística. 

Nuevas herramientas se van a agregar a las actuales y algunas tendrán un impacto extraordinario.

Los expresadores, por ejemplo, serán auténticas plantas de exploración de nuevas posibilidades a gran escala, que acelerarán la tarea más mecánica de construir y plasmar expresiones. Esas aplicaciones van a ser de gran ayuda para rastrear nuevas sintaxis para cada lenguaje artístico.

Los simuladores de audiencias, por su parte, van a proporcionar la posibilidad de evaluar a priori el impacto de las propuestas antes de ser presentadas. Hasta ahora, todo esto sólo se podía producir en el cerebro del autor.

 

La nueva sopa 
primigenia

La tecnología aportará una tremenda amplificación de las manifestaciones artísticas, pero, ni de lejos, será el factor principal de la explosión del arte durante el siglo XXI. Su desencadenador principal será el nuevo entorno cultural. 

De forma similar a la sopa primigenia, que hace miles de millones de años dió origen a la vida, el entorno cultural emergente en el siglo XXI se convertirá en el ambiente que ha de dar lugar a un cambio substancial de la Vida sobre la Tierra.

Ver "El Agujero Blanco" 

En este entorno emergente, el arte actúa como la punta de la lanza que abre camino al alud de novedad. El arte que se acerca viene a ser, a la vez, la causa y el efecto de la gran transformación que va a tener lugar durante este siglo.

 
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