| Las
buenas noticias son que vamos a vivir mucho más que nuestros
abuelos, en el seno de una sociedad más desahogada, con muchas
oportunidades para la mayoría.
Las malas noticias
son que vamos a ser literalmente arrasados por la novedad. Además,
no todos van a poder sacar provecho de las nuevas circunstancias,
en la misma medida. Esto tampoco es una buena noticia.
Ahora mismo
estaríamos en los momentos iniciales del nacimiento de una
civilización distinta, que llega cargada de incógnitas, promesas
y amenazas. No todo el mundo va a asimilar los cambios
a la misma velocidad. Algunos saldrán disparados hacia delante,
en tanto que otros pueden quedar muy rezagados. El
libro analiza los efectos de esta desigual reacción frente
a todo lo que se avecina.
La asimilación
de los cambios depende del apego a la cultura recibida. No
se puede asimilar una cultura nueva cuando los lazos con
la cultura anterior son demasiado rígidos. En este
punto, se examina cómo maduran esos lazos y se explora como
pueden ser en el futuro. El panorama aquí es fascinante.
Para atisbar
el futuro inmediato y lejano, se revisan cuales son las principales
características de la evolución de la Vida en la Tierra.
Ese análisis pone de manifiesto que podríamos hallarnos en
las inmediaciones de un suceso extremadamente singular que
consiste en la formación de un Agujero Blanco en la
Tierra.
Si un agujero
negro es una acumulación extrema de masa, el Agujero
Blanco se vislumbra como resultado de una acumulación extrema
de comunicación. De mantenerse la aceleración exponencial
del incremento de comunicación que se está produciendo, ese
suceso podría acontecer tal vez antes de 50 años.
El libro analiza
algunos pormenores de lo que pudiera ocurrir a partir de
ahora y hasta aquel momento: los distintos tipos de
sociedad y de civilización que deberían mediar, las nuevas
formas de pensar y de relacionarse que parecen indispensables
para acercarse a la eclosión del Agujero Blanco.
Esta perspectiva
nos ofrece una nueva visión de lo que se puede entender por “progreso” y
pone de manifiesto la necesidad de reconsiderar algunas ideas
que habíamos dado por buenas hasta ahora.
Al final se
presentan unos escenarios en los que se contempla la posibilidad
de una gran movilización mundial para hacer frente a los
problemas de transición que, a medida que avanza el siglo
XXI, se hacen cada vez más arduos y, al mismo tiempo, más
prometedores.
En las conclusiones
sugiero cómo podría ser una Ingeniería de Intangibles que
debería ponernos en condiciones de hacer la transición, reduciendo
el dolor producido por los cambios y aprovechando al máximo
los trances y oportunidades de cada momento.
Tanto nosotros
como nuestros hijos vamos a vernos envueltos en los avatares
que se avecinan. Este libro ayuda a reflexionar sobre ellos
y, en mi opinión, ofrece las claves para que cada cual encuentre su
propia respuesta. |