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La
incertidumbre que destruye creando
En
los tiempos que corren, no es frecuente encontrar textos con
propuestas que no sean meras regurgitaciones de ideas expresadas
por otros. Uno tiene la impresión de que hay un reciclaje
permanente de textos, que se nutren endogámicamente, en un
ciclo cerrado difícilmente penetrable. Sin embargo, de tanto en
tanto alguien desafía el círculo y genera una tangente que
abre un nuevo desarrollo, transformándolo en una espiral, hacia
el futuro. El texto que tienes entre manos es un claro ejemplo
de esto: la “historia de las ideas” no ha terminado. Estamos
justo al principio.
La
propuesta intelectual de Josep Burcet es muy atractiva, aunque
también muy arriesgada. Es fácil estar de acuerdo con una de
sus tesis principales: que todo gran cambio en la escala de las
comunicaciones trae una revolución de grandes proporciones. Ha
ocurrido en diversas etapas de la historia, como él bien
explica. Y no sólo a nivel de lo social, lo humano, sino de
cualquier desarrollo de la vida: “el intercambio de información
es la base sobre la que se sustenta la vida”, nos recuerda.
Pero es su propuesta más innovadora, la conjetura de la formación
del “agujero blanco”, la que llama más la atención, y la
que hay que tomar con cierta prudencia intelectual. Porque esta
metamorfosis hacia una realidad inmaterial, surgida del aumento
de la densidad de la comunicación en el planeta es, reconozcámoslo,
atrevida.
A
mi esta propuesta me sedujo desde el primer momento. Me hizo
pensar. Me puso en un estado de interrogación que aprecié. Por
nuevo, por inesperado, por audaz. Creo que Burcet lo explica con
acierto. Pero no es de aquellas afirmaciones que la ciencia
pueda probar, simular, o teorizar. Es, por tanto, una propuesta
de alcance, en la que convergen la filosofía y la ciencia.
También
son de remarcar sus análisis sobre la energía de potenciales
conflictos que podemos esperar para el futuro, así como su
espectro de posibles escenarios para lidiar con ellos. Es, es
este sentido, de mucho interés ver como algunas de sus
“predicciones”, escritas para la primera edición del libro,
se reflejan en los acontecimientos que nos ha tocado vivir desde
el 11 de septiembre de 2001.
El
hombre está en una encrucijada de la que creo que no es
consciente. Ni a nivel personal (la necesidad de dejar de
“tener” para pasar a “ser”), ni a nivel social (la
necesidad de comportarse como nodos de una “red ecosistémica”
en la que la simbiosis es la única alternativa para
sobrevivir). Una encrucijada que le llevará, nos propone, a
superar su fusión con lo material para abrir la puerta de lo
inmaterial, aunque no sepamos muy bien aún de qué se trata.
El
hombre debe
entender su pequeñez en el universo, como vacuna imprescindible
en una época de fundamentalismos y necrosis sociales. Debe
entender si los instrumentos de comunicación avanzada que la
tecnología nos brinda son una oportunidad enorme para pasar de
la homogeneidad estéril a la diversidad fértil. Y debe usarla
para transformar a mejor.
Desaprendo
luego existo. Y este libro me permite disfrutar de ello.
ALFONS
CORNELLA
Junio de 2003
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